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Manuel Gómez Cantos, un mando de la Guardia Civil entre el deshonor y la represión

Manuel Gómez Cantos, al igual que otro número importante de guardias civiles, decidió sumarse a la rebelión militar para acabar con la experiencia democrática que supuso la Segunda República. Se trataba de un oficial intermedio dentro del organigrama del Instituto armado que se mostró inflexible en la aplicación sistemática de la violencia repre siva contra los llamados “desafectos” a la causa franquista. Y, sin embargo, su hoja de servicio, y su trayectoria profesional y personal hasta 1936, había sido todo un ejemplo de lo que nunca debería ser un guardia civil.

Bruno Ibáñez Gálvez, de oficial de Infantería a represor

Bruno Ibáñez Gálvez es conocido como uno de los represores más sanguinarios de la guerra civil española. Su actuación se centró básicamente en Córdoba, ciudad en la que se encontraba al comienzo de la contienda, en parte, por casualidad. Había sido oficial de Infantería en la guerra de África, donde participó en las operaciones de 1909. Abandonó el arma de Infantería e ingresó en la Benemérita en 1911. Vinculado con la provincia de Ciudad Real participó en sonados casos de asesinatos, como el suceso de «La reinilla» o el del asalto al expreso Madrid-Andalucía.

El General Jesualdo de la Iglesia Rosillo, primer Juez Militar Instructor del Juzgado Especial de Espionaje: Un perfil biográfico para la represión

Sumario
I) A modo de Introducción.
II) Como surgió la necesidad de conocer al personaje.
III) Jesualdo de la Iglesia, breve perfil biográfico.
IV) Juez Instructor del Juzgado Especial de Espionaje desde el 11/06/1940 a 16/11/1943.
V) Nombramiento de Inspector de los Juzgados Especiales de Espionaje en todo el territorio nacional.
VI) Sucesivas ampliaciones de 30 septiembre de 1943 y de 5 de septiembre de 1945.
VII) Melquesiades Rodríguez Chaos: 24 años en las cárceles franquistas.

Falangistas, héroes y matones. Fernando Zamacola y los Leones de Rota

“Como Fernando Zamacola, hemos de ser en todo, los camaradas de la Falange. Ni vacilación, ni desesperanza. Acción, Acción, Acción. Nada de pausas ni de rodeos con esa santa intransigencia de la verdad; adelante y arriba; elevación y progreso, no el progreso demócrata a que apestaban las promesas políticas, no el progreso material y grosero, solamente, sino el avance en espiritualidad, en poesía, en inmaterialidad; cualidades que tienen los gestos de los hombres de la Falange”.

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