Sevilla. Ni localizados ni olvidados.

Texto pie de foto: 
Fosa común en el cementerio de San Fernando. // LAURA LEÓN

Ni localizados ni olvidados

Andalucesdiario.es | María Serrano | 23-1-2016

La investigación del historiador José Díaz Arriaza en su libro ‘Ni localizados ni olvidados’, de inminente aparición en editorial Aconcagua, devela datos antes desconocidos de las ocho fosas que se encuentran dentro del cementerio de San Fernando en Sevilla. “Se ha podido verificar la existencia de estos enterramientos, seis en la zona católica y dos en la parte de los disidentes, un dato que aún no estaba del todo verificado”, puntualiza el historiador. Desde 1936 a 1958 estas fosas fueron usadas para el enterramiento de todas las víctimas de las represión junto a “cuerpos de indigentes, fetos, suicidas, fallecidos en hospitales, etc”. Casi cuatro mil represaliados mezclados entre los veintinueve mil cadáveres que se encuentran enterrados en las fosas de este camposanto de la ciudad hispalense desde principios del siglo XX. Este estudio documental permitiría, según apunta el investigador, “iniciar una actuación arqueológica que permitiera exhumar los restos de los miles de represaliados de la guerra civil”.

En sus investigaciones, Arriaza ha ido cotejando los planos actuales con los existentes en 1910. En ellos, el historiador ha podido comprobar el cambio de tamaño de estas fosas que “no mantienen las mismas medidas que en aquella etapa debido a los múltiples cambios que se han producido sobre el terreno”.

DIVIDIDO POR CLASES

El estudio detalla que el cementerio de San Fernando es un camposanto dividido por clases sociales. En la primera parte del cementerio estaría la parte reservada a las personalidades ilustres. A partir de la primera rotonda, se ubica la segunda clase con sepulturas de tierra y panteones. Ya en la parte de rotonda de la Piedad, estaría la tercera clase con sepulturas de pared y tras éstas se encontrarían las fosas. Al final justo del cementerio. Arriaza destaca que “las primeras fosas se encuentran a la izquierda en la parte final del antiguo cementerio”, ampliado a mitad de los años 40.

Entre los testimonios recopilados por Arriaza se recogen historias de familiares y de empleados municipales. Entre ellos, el investigador destaca los de quienes vivían en el entorno de las huertas próximas al cementerio y tenían que transitar por sus inmediaciones. “Muchos me han contado cómo los soldados los paraban mientras hacían las ejecuciones, al igual que ocurrían con los vehículos que pasaban por la carretera comarcal de la Algaba donde estaba el muro del cementerio. Toda la zona de la tapia se paralizaba durante la descarga de fusiles”, apunta.

NÚMERO DE REPRESALIADOS

A los 3.529 cuerpos depositados en las fosas pertenecientes a ejecutados por los golpistas, en aplicación del Bando de Guerra, por sentencias de tribunales militares, Arriaza apunta que hay que añadirles “los 43 cuerpos enterrados en distintas sepulturas individuales o familiares, y los pertenecientes a las catorce personas ejecutadas en la prisión provincial que fueron inhumadas en sepulturas de 3ª Clase, lo que nos proporciona una cifra no inferior a 3.586 hombres y mujeres identificados que fueron asesinadas por los golpistas entre 1936 y 1955, enterrados en el cementerio de Sevilla”.

Resulta destacable que en la década de los cincuenta se siguiera fusilando en las tapias del camposanto sevillano. “Una vez ejecutados los políticos y sindicalistas, se empieza a ejecutar a los maquis que se esconden en la zona de la Sierra Norte de Sevilla y a desertores”, apunta Arriaza.

EL ÚLTIMO FUSILADO

José Rodríguez Corento era administrador en el Manicomio Provincial de Miraflores, donde trabajaba como funcionario desde el año 1942. Durante largos años “ayudaría a compañeros a permanecer dentro del centro para camuflarse del régimen y posteriormente ayudarlos a escapar”, destaca Arriza. El historiador Espinosa Maestre señala que “la Brigada Político-Social llevaba ocho años buscando al Jefe del Comité Regional del Partido Comunista de Andalucía”, sin saber de quién se trataba.

La policía franquista sabía que actuaba con total libertad en Sevilla pero no lograrían dar con él hasta el 8 de enero de 1950. Corento tenía solo 35 años. Espinosa apunta que “aprovechando su cargo, extendió certificados, posibilitó ingresos y facilitó fugas a un buen número de izquierdistas en peligro de muerte, los cuales pasaron de la Prisión Provincial al Manicomio y de éste a la calle mediante extrañas y nunca resueltas fugas de locos. Y todo ello a lo largo de siete años”.

El Consejo de Guerra celebrado en Sevilla el 19 de mayo de 1951 solicitó la pena de muerte para Rodríguez Corento por “rebelión militar”, siendo fusilado el 25 de junio de 1951 en el muro derecho del cementerio de San Fernando. Fue uno de los últimos ajusticiados en el cementerio de Sevilla.

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