Marisa Dávila Martínez. Justicia y reparación como necesidad social

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Detalle del cartel del homenaje virtual en el 39º aniversario de los asesinados en el conocido Caso Almería.

La crisis sanitaria que vivimos ha obligado a suspender el acto que la Asociación Andaluza de Victimas de la Transición iba a realizar en homenaje a los asesinados por la Guardia Civil en Almería en 19811.

Hoy más que nunca necesitamos recordar nuestra Historia, porque la base de nuestra democracia está viciada y sólo a través de la justicia, la verdad y la reparación es que podremos garantizar que aquellos hechos no se vuelvan a producir.

Marisa Dávila Martínez. Abogada, socia de Abogad@s en Red Cooperativa Anadaluza

22.05.2020 /elsaltodiario.com

La crisis sanitaria que vivimos está poniendo en evidencia muchas cosas. Entre otras, que somos seres vulnerables, interdependientes y ecodependientes. Pero, sobre todo, está poniendo en evidencia que las dos Españas siguen más enconadas que nunca. Y ello tiene mucho que ver con que nuestra democracia tiene los pies de barro, porque se construyó sobre un “pacto del olvido”. Pacto del olvido promovido por quienes ocultaron la barbarie y se han valido del sistema y las instituciones para mantener sus cotas de poder aún en la actualidad.

Nuestra democracia se construyó con mentiras, silencio y sufrimiento; vertebrada por intereses económicos y ansias de poder de quienes nunca nos han representado y que poco tienen que ver con nuestras raíces de pueblo solidario y combativo.

Desde el ámbito jurídico internacional hace ya mucho tiempo que se trabaja desde el concepto de Justicia de Transición o Justicia Transicional, refiriéndose a aquellos mecanismos judiciales y no judiciales que puede implementar una sociedad para poder superar procesos en donde se han dado violaciones masivas de derechos humanos.

La Justicia de Transición se asienta en cuatro pilares básicos: la verdad, la justicia, la reparación y el establecimiento de garantías de no repetición.

Porque no se puede empezar de cero haciendo borrón y cuenta nueva como se hizo en nuestro país. Antes de empezar a construir, hay que sanar heridas. Porque una herida mal cicatrizada puede infectar todo el cuerpo y llegar a matarlo. Esto es aplicable tanto al cuerpo físico como al cuerpo social. Y esto es, en definitiva, lo que nos está pasando: la infección habla de la imposible reconciliación entre las dos Españas y del resurgir del odio como instrumento de crispación social.

Pues bien, los mecanismos de la Justicia de Transición se estructuran en primer lugar para ayudar a las víctimas, brindándoles recursos que les permitan obtener justicia, poniendo en evidencia la verdad de lo sucedido, favoreciendo que los culpables rindan cuentas de sus actos y permitiendo en parte la cicatrización de sus heridas.

Y, a nivel social, los mecanismos de la Justicia Transicional permiten, entre otras cosas, reducir las posibilidades de impunidad y desvelar la justificación ideológica de la violencia y los crímenes, ofreciendo la posibilidad de desmontar el sistema de valores asociado a esa violencia; sanar heridas sociales; lograr la reconciliación; restaurar la confianza en las instituciones del Estado; y avanzar en la paz social y en la construcción de una sociedad acorde con los Derechos Humanos.

Todo eso nos falta en este Estado nuestro. Porque si bien la reconciliación es algo positivo para una sociedad que arrastra divisiones y heridas profundas, no puede lograrse si se hace a costa de la memoria histórica y la justicia. Porque desde la Transición, el poder político no ha permitido que los tribunales investiguen estos hechos. Y así nos encontramos con sentencias del Tribunal Supremo que niegan la justicia con argumentos no jurídicos sino políticos (el pacto del olvido), empleando exclusivamente el derecho interno (normas españolas) y sin querer reconocer la necesaria aplicación del derecho internacional. Nos encontramos con que los pocos jueces que han intentado investigar la violación de Derechos Humanos durante la dictadura, se los condena y aparta de la judicatura. Y vemos como se limitan las posibilidades de investigación desde la justicia internacional (Querella Argentina).

Por todo eso, como trabajadoras del derecho debemos agradecer a las familias de las víctimas que no hayan cesado en su empeño de obtener justicia. Y tenemos que agradecérselo porque en nuestra actividad cotidiana nos encontramos con demasiada frecuencia con víctimas que prefieren no acudir a los tribunales por no tener que volver a revivir el horror. En estos casos es necesario alentarlas y apoyarlas, darles voz, para que se juzguen los hechos y evitar que se vuelvan a producir.

En otras ocasiones, las víctimas prefieren no acudir al ámbito judicial porque no creen en el sistema, y este hecho tiene mucho que ver con el descrédito de la justicia como institución en este país. Descrédito que se ha ganado a pulso.

Por eso, agradecer a los familiares de las víctimas que sigan en la brecha, permitiéndonos luchar junto a ellas en la consecución de una nueva sociedad. Por la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de que esos hechos no se volverán a repetir.

 

1 El acto iba a realizarse en Pechina (Almería) con motivo del 39 aniversario de los asesinatos, pero por la crisis sanitaria se trasladó a las redes sociales. Puedes acceder al acto completo a través de los siguientes enlaces

 https://www.facebook.com/victimasdelatransicion/videos/238859214034581/ y https://youtu.be/vmxIFTMT-PI

https://www.elsaltodiario.com/el-jornal-andaluz/justicia-reparacion-necesidad-social-marisa-davila