Jerez de la Frontera tras el golpe del 18 de julio

Texto pie de foto: 
Familia Arantave/Jerez Recuerda José Arantave Ortegó, de la CNT, y su familia, en la Catedral.

► La celebración de las I Jornadas de Memoria Histórica y Democrática de este año forman ya parte del movimiento memorialista en la ciudad.

► En 2003, el colectivo Jerez Recuerda comenzó un trabajo de investigación sobre las cifras de la represión en Jerez.

SEBASTIÁN CHILLA  | 12-02-2017

Hace no muchos años, en 2003, se formó un colectivo de investigadores y ciudadanos de toda índole con el objetivo último de rescatar y poner en conocimiento la represión política practicada en Jerez. Bajo el nombre de Jerez Recuerda, nacía un movimiento memorialista en la ciudad al calor del que se venía fraguando en otras poblaciones españolas. Además de la compleja y fragmentada información que proporcionaba y proporciona la documentación fundamentalmente del Archivo Histórico Municipal de Jerez, del Archivo Histórico Provincial de Cádiz y del Archivo Histórico del Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla, este colectivo se basó en los documentos judiciales y en las fuentes orales. La singularidad de Jerez fue tal que según Jerez Recuerda tan sólo unos meses después del golpe -en octubre- las autoridades municipales se vieron en la necesidad de crear un Asilo de Huérfanos de Guerra, atendido por las Reverendas Madres Preservadas, en la calle Barja. Y ello pese a que ese fenómeno se generalizó en España unos años más tarde, en 1941, con motivo de la publicación del Decreto de Ministerio de Gobernación de 23 de enero de 1941 que ordenaba la creación de la llamada Obra Nacional de Protección del Estado a los Huérfanos de la Revolución y la Guerra.

El último censo de la ciudad antes de la Guerra Civil, el del 31 de diciembre de 1935, arrojó una cifra de 80.711 jerezanos. Jerez Recuerda cifró, por su parte, en 381 los asesinados tras el golpe militar del 18 de julio de 1936 así como en 79 las personas que fueron cesadas o depuradas de sus responsabilidades públicas en el Ayuntamiento de Jerez. Sin embargo, otras fuentes señalaban y señalan datos que oscilan entre las 800 y 1200 víctimas, como la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica. Un golpe, cabe puntualizar, que se encargó de organizar y dar el Comandante Militar de Jerez, Salvador Arizón Mejías, junto a varios oficiales entre los que se encuentran los capitanes Enrique Guillén, José Hernández Franch, Pedro Ardila, José Gil Ramírez y el hermano del comandante, Juan Arizón Mejías. Estos ordenaron el acuartelamiento de un total de unos sesenta y cinco soldados, llegando a más de un centenar con las órdenes dadas a los establecidos en los cortijos de Vico y Garrapilos.

El sábado 18 de julio Jerez despertó con agitación popular tras las noticias llegadas del golpe en África. Numerosos colectivos obreros y sindicales de la ciudad crearon comités de resistencia -como el que presidió José Arantave del Sindicato de Albañiles de la CNT- llamando a la huelga general, llegando incluso a pedir las armas en el Ayuntamiento, algo que se les negó bajo el pretexto de que la situación estaba controlada. Esa misma tarde el capitán Arizón -hermano del comandante- y el capitán Castillo ocupan Radio Jerez con el compromiso dado de la Guardia Civil al comandante Arizón de apoyo al golpe. Por la noche el bando de declaración del estado de guerra se hizo una realidad. El terror había comenzado.

“Hace saber al pueblo de Jerez que declarado el estado de guerra en toda España, toma el mando total de la Plaza, hasta la próxima llegada de las fuerzas del Tercio y Regulares, que al mando del Excmo. Sr. General Don José Varela Iglesias, se encuentran en marcha hacia esta Plaza. Asimismo hace saber a todos los elementos de orden la obligación moral y material que tienen de ayudar a las fuerzas del Ejército, presentándose a ser posible con armamento en el Cuartel de Fernando Primo de Rivera. Todo el que contravenga las órdenes de mi autoridad, será severísamente juzgado y al acto pasado por las armas”. Salvador Arizón Mejías en Radio Jerez

El alcalde Antonio Oliver Villanueva, electo por Izquierda Republicana, es cesado y sustituido por Antonio Mínguez Ibáñez. De la misma forma todos los centros obreros y sindicales son clausurados. Al tener en su poder los sublevados todos los medios de la ciudad casi de forma inmediata, la resistencia es sofocada con facilidad, con sólo algunos enfrentamientos. Joaquín Arrarás, reconocido tradicionalista defensor del término "cruzada" en el contexto de la Guerra Civil, describe la situación con tono ofensivo y burlesco, como llega a ser característico de la retórica golpista.

"Reinaba el buen humor, característico de esa ciudad, donde el nivel de la vida y el aire de la raza, por una admirable mezcla anglo-andaluza, producida por el negocio de vinos, tiene una distinción inconfundible. Se brindaba con el vino de la tierra y se hacía frente al momento difícil con una serenidad sonriente y deportiva. Entraban y salían falangistas, requetés, comerciantes, labradores, aristócratas. Salían a relucir las buenas escopetas de caza y los rifles de montería. A cada hora aumentaba el improvisado ejército. Allí, entre otros, acudió de una finca de campo cercana, el poeta José María Pemán, que en seguida inició por el micrófono jerezano su serie de proclamas y arengas guerreras. (...) El día 19 sólo hay ya tiroteos en algunos centros de concentración proletaria. Se clausura la Casa del Pueblo y se practican detenciones de elementos ‘marxistas’. Jerez queda dominado y puede ya permitirse el lujo de acudir en camiones a dominar y ‘pacificar’ los vecinos pueblos de Sanlúcar de Barrameda y Trebujena". Joaquín Arrarás Iribarren en Historia de la Cruzada Española

Tan sólo unos días después del golpe llegaron los refuerzos de Ceuta, primero los regulares, el 20 de julio, y luego los legionarios, cinco días más tarde. Jerez se convierte desde ese momento en un centro estratégico sobre el que organizar la represión en la comarca y la provincia. Para justificar los crímenes ejecutados se utilizan los bandos militares emitidos tras el golpe, como el de la misma noche del 18 de julio y el que tiene lugar varias semanas más tarde, tras el asesinato de dos obreros, uno por criticar al movimiento y otro por declarar una huelga. El toque de queda, el mantenimiento del orden y la amenaza de "hacer fuego sin reparar en el que viene en primera línea" se impone.

Sobre las ejecuciones, efectuadas de madrugada, se conoce que la cifra fue especialmente dramática varias semanas después del golpe. El 4 de agosto se llegaron a pedir 200 certificados de defunción. Una espiral de violencia en noches en la que según cuentan los propios falangistas se reunían en los puestos de churros de la Plaza de Abastos y tomaban copas tras la finalización de las ejecuciones. Conocido, entre ellos, un tal "Matarojos", Pedro Marín. Entre los lugares destacan las tapias del Estadio Domecq, el cementerio de Santo Domingo, la explanada de la Plaza de Toros, la Laguna de Medina y las carreteras de El Puerto, Trebujena y Sanlúcar.

“En aquellos días era indispensable proceder de tal forma. Si, los por entonces miles de afiliados a extrema izquierda, mezclados con la chusma, ya tristemente conocidas por los jerezanos, se hacen dueños absolutos de la población, aunque sólo fuese por unas horas. ¡A las bodegas!, serían sus primeras exclamaciones de alegrías, y ya hartos de vino, saldrían a la calle para poner en práctica las ideas que las propagandas anarquistas habían inculcado en sus mentes, para hacer germinar en ellas el odio a todo lo existente, traducido en muertes y destrucciones. Las turbas jerezanas, en cuyas cabezas por los efectos del alcohol se habrían inflamado tantas propagandas subversivas, cometerían al salir de las bodegas, espantosas destrucciones y horrendos crímenes, recreándose ante las llamas de los incendios y ante el sufrimiento de sus víctimas con más saña que lo han hecho en otras poblaciones, debido a la inconsciencia de febriles borracheras”.

Salvador Arizón Mejías en 1961 tras recibir la Medalla de Oro de la ciudad por parte del  Alcalde Tomás García-Figueras

La represión continuó durante muchos años más. Encarcelados, asesinados y represaliados bajo el amparo de alguno de los procedimientos desde entonces institucionalizados por parte de un régimen surgido de un golpe militar de carácter filofascista contra el gobierno republicano legítimamente constituido.

Bibliografía:

Asociación Jerez Recuerda. (2007). Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe de Estado militar de 1936: una aproximación. Revista de Historia de Jerez, nº13. 2007.
V.V.A.A. (1999). El Jerez Moderno y Contemporáneo. Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz.