Gilbert Grellet: «El búnker franquista está muy vivo en España y resiste toda idea de hablar sobre las fosas comunes y los crímenes»

20MINUTOS.ES | DAVID YAGÜE | 6-12-2017

Aquel verano del 36 fue imperdonable en España por tres razones: primera, porque las democracias occidentales decidieron no intervenir a favor de la República; segunda, por la manera en la que el pueblo español se masacró; tercera, porque los otros generales sublevados dejaron a Franco, que era muy inteligente políticamente hablando, tomar el poder: la mayoría de aquellos oficiales querían tomar el poder y restaurar la monarquía, él no”. Así explica Gilbert Grellet el título de su último libro, recién aparecido en castellano, Un verano imperdonable. 1936 la guerra de España y el escándalo de la No-Intervención  (traducción de Antoni Cisteró García, Guillermo Escolar Editor, 2017), que llega con introducción del ex primer ministro francés, Manuel Valls, y el prólogo a la edición española de Rosa Regàs.

Grellet, escritor y periodista vinculado a la agencia France-Presse (AFP) de cuya delegación en España fue director en 2005 y 2010, bucea en los primeros meses de la Guerra Civil española y desarrolla un vertiginoso montaje paralelo -hablando en lenguaje cinematográfico- que nos lleva de la brutalidad de los primeros meses de conflicto a pie de campo de batalla y a las principales cancillerías europeas. Nos hace sentir, ser testigos, de los debates, de las circunstancias de la toma de decisiones, trágicas y letales, de aquellas días. Aquellas por las que las que serían potencias del Eje se volcaron en ayudar a los generales sublevados y las democracias occidentales decidieron abandonar a la República española a su suerte. Y la alta política contrasta poderosamente con la bajo salvajismo, con la pérdida total de civilización y humanismo, de la guerra.

¿Técnicas de ficción para hacer historia? Le pregunto aprovechando su estancia en Madrid para promocionar esta obra. “No es una forma novelística”, rechaza de plano, “es una forma de reconstruir la historia, con diálogo y descripciones, pero todo real. Todos los diálogos del libro vienen de declaraciones que hicieron los protagonistas. No es ficción, es otra manera de contar la historia, pero de forma seria”, explica. El periodista galo asegura que ha intentado “contar historia” huyendo de las formas académicas: “Me gustan esos libros pero muchas veces son largos, llenos de notas y de estilo universitario. Si quieres leer de forma agradable es mejor esto que hago”.

Es más agradable y también más emocional… ¿Es por tanto más útil para la memoria histórica?

Quizá sí. El holocausto español, de Paul Preston, es un libro muy interesante que me gustó mucho, pero es difícil para un lector normal, o para un joven. No tienen tiempo.

En Un verano imperdonable, Grellet recorre los centros de decisión de Francia, Reino Unido y EE UU y intenta mostrar qué les llevó a dejar en la estacada a la República española -“no era intervenir militarmente, era ayudar”-. Por ejemplo, el primer ministro León Blum, del Frente Popular francés, parece que tenía buenas intenciones que fueron cortadas por los diplomáticos profesionales…

Exacto. En opinión de Blum era normal ayudar a otro Frente Popular como el español, un gobierno amigo. Estaba justificado porque era un gobierno democrático y aliado. Pero tenía aliados radicales en su propio gobierno, una prensa anticomunista muy fuerte y los aliados ingleses que no lo veían nada claro. Uno de los principales protagonistas en ese proceso fue Alexis Leger -el poeta- que era secretario general del Quai d’Orsay -Ministerio de Asuntos Exteriores-: era muy partidario de no hacer nada sin acuerdo previo con los ingleses, a los que veía como indispensables para enfrentarse a Hitler en el futuro. Y los ingleses, en aquel momento, eran más anticomunistas que antifascistas.

El Quai d’Orsay francés, el Foreign Office británico y el Departamento de Estado estadounidense salen retratados en su libro: los diplomáticos no querían intervenir en España.

Cometieron un enorme error geoestratégico: no querían entrar en la Guerra Civil para evitar que Hilter y Mussolini se implicaran más y estallara otra guerra mundial. Pero lo que pasó fue lo contrario: no intervinieron y su pasividad dio fuerza a Hitler y Mussolini. Al final llegó la guerra que tanto temían. Ni en España, ni en Renania, los Sudetes o Austria reaccionaron. Hitler pensó: ¡puedo continuar!

Los regímenes del Eje no tuvieron tantos reparos, aunque muestra su inicial desconfianza con Franco…

La cancillería alemana, en ese momento, no quería ayudar a los sublevados. No les conocían, pues sólo habían tenido contacto con los monárquicos y, además, miraban más hacia el Este. Pero poco a poco, los emisarios de Franco y la inactividad de Francia e Inglaterra, les hicieron ver que era una buena oportunidad para instaurar un régimen amigo. El día más importante de aquel verano fue el 25 de julio: Blum, que había decidido ayudar a la República, regresa de un viaje de Londres y rectifica su postura. Y ese mismo día los emisarios de Franco se encuentran con Hilter y ordena que vayan los aviones. Y sin los aviones alemanes, Franco no habría pasado el Estrecho con tanta facilidad. Y fíjate, durante un tiempo, Franco sería el jefe de un ejército compuesto por muchos extranjeros levantado en armas para matar españoles: los regulares moros, legionarios extranjeros, los aviadores alemanes, los voluntarios italianos, los viriatos portugueses…

Habla de presión mediática y incluso de las ahora famosas ‘fake news’ en ese proceso para convencer a los gobierno democráticos de no ayudar a España…

Sí, los ataques de la prensa contra Blum fueron muy importantes. La prensa era mucho más agresiva en aquellos años; ahora la agresividad está en las redes sociales, no en los periódicos. También existió una propaganda anticomunista enorme en Reino Unido, EE UU y Francia que influyó: el embajador inglés en España, era muy anticomunista y anti Frente Popular, y mandaba noticias manipuladas y alarmistas a Londres. Los servicios secretos británicos hacían igual. Y también hubo documentos inventados por los nacionales sobre una supuesta operación ordenada por Moscú para hacer la revolución en España que circuló por toda Europa. Daba la razón a lo que diría Franco siempre después: el Golpe evitó que los bolcheviques tomaran el poder. Fueron las ‘fake news’ de la época: había más miedo a los comunistas, que a los fascistas.

Suena bastante cercano a lo que vivimos hoy…

No sé si hay paralelismos con el presente, pero hoy hay manipulaciones como en los años 30. Las noticias que no eran totalmente verdad han influido mucho en el ‘brexit’, o la elección de Trump. Y también creo que los rusos están haciendo todo lo que pueden por hacer una Europa más frágil.

Grellet cuenta en el libro que la idea de escribirlo surgió en el Congreso de los Diputados español, durante un homenaje a las Brigadas Internacionales. Como buen conocedor de la política y la sociedad española ¿cómo ve esa polémica perpetua de los españoles con la memoria de la guerra?

Soy republicano y demócrata y pienso que la responsabilidad fue de los generales sublevados: lo que pasó fue un golpe de Estado y sin ese golpe no habría habido una guerra posterior. Aquí en España, y se ha visto durante los debates de la memoria histórica, hay un sector de la población que piensa que el golpe de Estado estaba justificado frente a una República que no controlaba la situación. La verdad es más complicada que pensar que todo es blanco o negro.

El búnker franquista está muy vivo y fuerte en España y resiste a toda idea de hablar sobre las fosas comunes y los crímenes, y restablecer la dignidad de las víctimas. Lo malo de la Guerra Civil fueron las masacres, claro, de los dos bandos. Pero también lo que pasó después, la represión, los fusilados, los  campos de concentración… Esa política vengativa de Franco que fue terrible. Y este problema no se ha resuelto en España. La población está dividida. No sé cómo se podría superar. Hubo un pacto de silencio en la Transición. En Brasil, Argentina, Chile, los generales tomaron el ejemplo de Franco para convertirse en dictadores. Allí fueron castigados, no inmediatamente, sino después, pero fueron castigados. En España, nunca. Hay que llevar a juicio el franquismo y ver qué pasa: luego ya se condenará o no. No sé por qué los españoles no quieren hacerlo: podrían simplemente coger dos o tres ejemplos de gente que masacró y torturó y llevarlos ante un tribunal y ver qué pasa.

Pero no quiero dar consejos y, la verdad, no sé cómo se podría hacer. Eso se lo dejo al pueblo español.

Me hablabas antes de la entrevista, de su opinión con los nombres franquistas de las calles…

Sí, el otro día estuve cenando en un sitio de la calle General Yagüe. ¿Es normal dejar esos nombres en las calles? Creo que no. En Francia no hay calles con los nombres de Petáin o Roberspierre. Y eso no significa que caigan en el olvido.

¿Qué tal se recibió el libro en Francia?

Fue aprobado por casi todos, allí hay muchos hijos e hijas de exiliados españoles. Los únicos que no lo aprobaron fueron los historiadores socialistas, porque para ellos Blum es el mejor. Y es verdad que fue un gran primer ministro en temas interiores y en reformas sociales, pero en este caso se equivocó. En realidad, la política de Francia con España siempre ha errado en los dos últimos siglos: intervino cuando no debía, con Napoleón y los Cien Mil Hijos de San Luis; y cuando tenía que intervenir, como en este caso, no lo hizo.

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