El sonajero de Martín: un anciano recupera el juguete que le quitó la guerra

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El celuloide con el que fue fabricado el sonajero resistió tres cuartos de siglo bajo tierra.

Un octogenario palentino recibirá este sábado los restos de su madre, fusilada por los sublevados en 1936 como represalia por no haber podido acabar con su marido, y, con ellos, su juguete, el del bebé que llevaba en brazos cuando fue detenida.

PÚBLICO | EDUARDO BAYONA | ZARAGOZA | 21-6-2019

"Amenazas de fuego / con un cristo matón / Poesía en la sangre / Águilas de latón / Un sonajero nuevo / en un pozo sin fin / Catalina le guarda a Martín", canta Joaquín Carbonell en "El Sonajero de Martín", una canción que estrenará este sábado en Palencia en el acto en el que la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) de esa ciudad castellana entregará a la familia los restos de Catalina Muñoz, cuya detención y posterior fusilamiento, en una más de las muertes gratuitas de la guerra civil, dejó sin madre a sus cuatro hijos y sin sonajero al menor de ellos, Martín de la Torre, de nueve meses cuando los sublevados lo arrancaron de sus brazos para llevársela en agosto de 1936.

Martín, de 83 años, recibirá este sábado el sonajero que la guerra le arrebató cuando era un bebé acompañado por su hermana Lucía, diez años mayor que él y que tenía once cuando se llevaron a su madre. Antes habían comenzado a perder a su padre, Tomás de la Torre, con el que recuperarían el contacto años después de la guerra.

A Tomás, de Cevico de la Torre, un pueblo del Cerrato de menos de medio millar de vecinos y situado a 10 kilómetros de Venta de Baños, la sublevación franquista le cogió en la cárcel de Gijón, a la que había llegado tras pasar en los cuatro meses anteriores por las de Palencia, Burgos y Santoña. Cumplía una condena de 17 años por la muerte a cuchilladas de un falangistaen una reyerta con sindicalistas que se había desatado en mayo de ese año en el pueblo.

Gijón era zona leal al Gobierno al comienzo de la guerra, por lo que Tomás nunca fue entregado a los facciosos, que, en represalia, optaron por acabar con Catalina en un episodio de pena de muerte consortelos crímenes "por sustitución" que el historiador Antonio Peiró ha documentado en su libro "Eva en los infiernos".

"La fusilaron para vengarse de su marido"

"A Catalina la fusilaron por venganza de su marido", explica José Luis Posadas, presidente de la ARMH de Palencia, que reclama el acceso a los archivos de la Guardia Civil y el ejército para "saber qué pasó ahí. Sabemos que su historia está escrita, que se puede documentar, porque en aquel tiempo nadie dejaba entrar o salir a nadie de un edificio oficial sin registrarlo".

"Nunca sabremos qué hubiera pasado si Tomás hubiera estado preso en zona sublevada", señala Posadas. Sí se conoce que Catalina fue condenada a muerte en un consejo de Guerrabajo cargos como haber asistido a manifestaciones y haber gritado vivas a Rusia y mueras a la Guardia Civil. "La detuvieron el 24 de agosto y la fusilaron el 22 de septiembre. Fue todo muy rápido", explica Posadas. Tenía 37 años.

Tras matarla, su cadáver fue arrojado a una fosa del antiguo cementerio de Palencia, sobre el que años más tarde el ayuntamiento levantaría el parque infantil de La Carcavilla. Alguien había decidido que los niños debían columpiarse sobre los cadáveres de varios cientos de republicanos represaliados.

"Nunca habíamos visto algo así"

Allí fue localizado hace ocho años el cadáver, con las suelas azules de sus alpargatas prácticamente intactas y con un objeto de plástico junto a él que inmediatamente llamó la atención de los arqueólogos que llevaban a cabo la excavación, impulsada por ARMH. Era el sonajero de Martín, que este sábado, casi 83 años después, volverá a tener en sus manos.

"Nunca habíamos visto algo así", explica Almudena García Rubio, arqueóloga y antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi que dirigió los trabajos y que también estará en el acto en Palencia. Y no será porque en las exhumaciones no aparezcan con relativa frecuencia objetos reveladores de la vida de sus portadores. "Por el sitio donde salió estábamos convencidos de que el sonajero estaba relacionado con el cuerpo", explica. El celuloide con el que fue fabricado había resistido tres cuartos de siglo bajo tierra.

"Era la única mujer que esperábamos encontrar" en la fosa, explica. De las 90 mujeres asesinadas en la guerra civil en Palencia, solo sobre Catalina pesaba una condena formal. "Simboliza a las demás mujeres, a todas las que sufrieron la represión, tanto las que murieron y pasaron por la cárcel como las viudas, las madres y las huérfanas de los hombres que perdieron la vida", anota.

¿Cómo es que Catalina se llevó el sonajero a la tumba? Posadas tiene una hipótesis verosímil. "Se supone que cuando la detuvieron llevaba al niño encima. Martín tenía nueve meses, y entonces a los bebés se los llevaba a todas partes, incluso al campo", explica. "Se quedó con el sonajero, como podrías haberse quedado con alguna prenda de ropa", añade.

"Me quedé pasmado cuando conocí la historia"

Las exhumaciones comenzaron a principios de esta década. Para entonces habían pasado varias décadas desde que el antiguo cementerio, antes de colocarle encima los columpios, había sido trasladado, aunque no en su totalidad. Las fosas comunes seguían allí. "Quien tenía allí a familiares enterrados no se atrevía a decirlo por temor a represalias", apunta Posadas.

ARMH estima que en la zona había medio millar de cadáveres de fusilados, de asesinados en sacas y de muertos localizados en cunetas. Localizaron 122, de los que quedan, en un panteón cedido por el ayuntamiento, 68 por identificar. "Sabemos sus nombres, pero estamos pendientes de las pruebas de ADN", indica Posadas.

Este sábado, Martín y Lucía, y también Martina, la hija del primero, recibirán los restos de Catalina, que serán enterrados en Cevico, junto a los de Tomás. Y Martín tendrá de nuevo entre sus manos, 83 años después, su juguete, el mismo que, nada más verlo al sacarlo de la fosa, hizo que Lucía dijera "es el sonajero de mi hermano", recuerda Posadas.

"Es difícil hacer una canción sobre un tema como este. Es un material muy frágil y muy sensible", explica Carbonell, cantautor aragonés con más de cuatro décadas y 17 discos de carrera, que describe "El sonajero de Martín" como "casi un relato periodístico, aunque contiene tantas emociones".

"Me quedé pasmado cuando leí la historia", adelantada por el periodista científico Nuño Domínguez en El País, cuenta Carbonell, que se puso a sí mismo una condición para incorporarla a su repertorio: que la familia le diera el visto bueno. Se la envío, vía ARMH, y lo obtuvo.

Al cantarla, describe un país con charlatanes de feria estremecido por "gritos de general" y olor a polvorín, con flores heridas e inocencias que lloraban. "Esa es la labor del cantautor, recoger los sonidos de la calle y devolverlos con forma de canción", dice.

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