Eduardo Ranz: "No me gusta ni el discurso de derechas, que dice que esto es reabrir heridas, ni el de una parte de la izquierda, que dice que no es el momento"

"No me gusta ni el discurso de derechas, que dice que esto es reabrir heridas, ni el de una parte de la izquierda, que dice que no es el momento"

Eduardo Ranz, abogado especialista en Memoria Histórica, presenta su nuevo libro 'No matarás. Memoria Civil'

Eva Landín

22.11.2020

elplural.com

 

Dicen que la justicia si llega tarde no es justicia. Las víctimas del franquismo llevan 40 años aguardando y la amenaza de seguir sumando décadas al ovillo de cronos se cierne sobre ellas. Contra esto lucha Eduardo Ranz Alonso. Este joven abogado especialista en Memoria Histórica asistió desde las aulas universitarias a la aprobación de la ley promovida por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y se enfrentó a su primer caso cuando apenas llevaba un año de ejercicio.

En todo este tiempo ha llenado su cartera de éxitos jurídicos y sinsabores, de arduas batallas judiciales y experiencias personales que le han llevado a sentir en su propia piel cada uno de los casos. Porque, detrás de los mismos, no hay números, ni batallas del abuelo, sino historias con nombres y apellidos: Margarita, Mercedes, Miren… Testimonios de terror, superación, valentía, añoranza, silencio, miedo, …

Todo ello aparece recogido en su libro, ‘No matarás. Memoria Civil’ que este jueves 26 de noviembre presentará en el Centre Cultural Blanquerna de la madrileña calle de Alcalá, arropado Rodríguez Zapatero, víctimas del Valle de los Caídos, como Mercedes Abril, o el periodista de la Cadena Ser, Alfonso Ojea.

El propio expresidente del Gobierno es el autor del prólogo, que en un principio iba a redactar el periodista José María Calleja, buen amigo del autor, pero al que el coronavirus robó la oportunidad.

A él y a su madre, dedica Eduardo Ranz una obra que se sustenta en una idea clara y firme: se nos acaba el tiempo, el tiempo de hacer justicia y reparar a las víctimas.

PREGUNTA: El título del libro es ‘No matarás. Memoria Civil’, ¿por qué Memoria Civil y no Memoria histórica?

RESPUESTA: Memoria civil es un concepto que nace de la unión de guerra civil con memoria histórica, porque entiendo que la memoria no es un reproche penal contra nadie, sino un derecho humanitario a favor de las familias.

P: La obra abarca todo el periplo que se ha recorrido desde los primeros procesos legales en 2012, pero tiene también una parte personal, ¿no es cierto?

R: Sí, el libro refleja la relación procesal de la memoria histórica con los colectivos como hilo conductor entre la separación de poderes y el rescate de nuestros olvidados y va mezclando cuestiones legales, procesales, políticas, con vivencias personales.

P: Sin embargo, en sus páginas encontramos también referencias muy anteriores, relativas, incluso, al franquismo.

R: Hay unos hechos históricos que no se pueden separar. Lo ocurrido surge en la primera etapa del franquismo, especialmente lo referido a la persecución de género, contra las mujeres. A ellos se les ejecuta, pero son ellas las víctimas reales, porque sobreviven, tienen que sacar adelante a sus hijos, mantener a sus familias. Son rapadas, condenadas a la pobreza, se les hace ingerir aceite de ricino y, pese a todo, viven. Ellas son las verdaderas heroínas.

Todavía hay una gran contradicción entre lo que se determinó y los resultados reales.

P: ¿Cuánto se ha logrado y cuánto queda por hacer?

R: En 2007 conseguimos la ley, en 2012 comenzaron los procesos legales y se fueron superando etapas. Cuatro años después, en 2016, se logró la sentencia, la única, que condena el franquismo, pero no se ha cumplido. Se ha ido retirando simbología, obteniendo nacionalidades de exiliados, realizando exhumaciones, pero el trabajo continúa, porque todavía hay una gran contradicción entre lo que se determinó y los resultados reales.

P: ¿Qué ha sido lo más duro de todo lo que ha hecho en este tiempo, lo que ha costado más?

R: Dar malas noticias. Sin duda, en estos años, he tenido que dar a las víctimas muy malas noticias. El 98% ha sido en negativo; en positivo solo un 2, aunque eso lo mueve todo. En honor a ellas, he de subrayar, sin embargo, que jamás han hablado mal de nadie. Solo buscan un derecho, el de recuperar a su olvidados y darles una digna sepultura. Eso es de lo que estamos hablando, del derecho de dignificar a nuestros familiares.

P: ¿Por qué cree que es tan difícil de entender para una parte del sector político y social?

R: No me gusta ni el discurso de derechas, que dice que esto es reabrir heridas, ni el de una parte de la izquierda, que dice que no es el momento. Yo les invitaría a asistir a una exhumación, a sentir la experiencia de entrevistarse con las familias, a escuchar el silencio que surge cuando aparece el primer hueso, y luego les volvería a preguntar qué opinan, si hay reparación o no con dignificar a nuestros abuelos.

P: ¿Qué papel juega la educación en esto, es una asignatura pendiente?

R: La buena educación es fundamental y, de hecho, las personas que ahora están en la universidad tienen una responsabilidad. La Memoria histórica es una cuestión de futuro, no de pasado. Hay cosas que no pueden volver a repetirse. Tenemos la exhumación, la retirada de símbolos de exaltación, pero tenemos también la obligación de conocer la verdad, nuestra verdad. Ese es el momento en el que lograremos avanzar como sociedad.

P: Sin embargo, da la sensación de que en los últimos meses, sobre todo, desde la irrupción de la ultraderecha, hemos dado pasos hacia atrás, en lugar de hacia delante.

R: Nadie dijo que fuera fácil, pero los derechos humanos no son negociables y tener que explicar que no son un arma política ya dice mucho de lo que representa esa personalidad política. Se puede ser objetivo, pero cuando se habla de derechos humanos no se puede ser neutral. Entre víctima y victimario es donde se encuentra la sensibilidad política. Quien considera que debemos estar del lado de las víctimas tiene sensibilidad humanitaria. Lo otro está más próximo a regímenes totalitarios y decidir qué ley se cumple en el territorio y cuál no, está más próximo a dictadores que a demócratas.

La Memoria histórica es una cuestión de futuro, no de pasado. Hay cosas que no pueden volver a repetirse.

P: Una parte del libro analiza el paso por la justicia argentina de las víctimas del franquismo, ¿qué supuso?

R: En mi opinión ese proceso sirvió para que nuestros hermanos argentinos nos dieran a los españoles una lección sobre derechos humanos. En él fue clave la figura del abogado Carlos Slepoy, quien sufrió el exilio y la persecución, y en España fue disparado por un policía borracho que le dejó en silla de ruedas hasta el final de sus días. Él inició un proceso basado en el principio de jurisdicción universal, que en España se dejó sin efecto en 2014, pero que las jurisdicciones hispano americanas mantienen, y un 14 de abril, en el juzgado de Comodoro Py, la magistrada Servini reabrió una causa que investigaba los crímenes del franquismo, un proceso que sigue abierto. Nosotros le llamamos querella argentina, ellos, genocidio gallego; pero la pena es que aquí no ha sido suficientemente escuchado y esto ha supuesto que los presuntos torturadores hayan llegado al final de sus vidas sin conocer los procesos judiciales por tantísimos crímenes cometidos.

P: Otro momento clave de el trayecto, ha sido la exhumación de Franco del Valle de los Caídos.

R: Sí, la exhumación del dictador, que se basó en un decreto de grandísima complejidad jurídica, ha resuelto una anomalía histórica y es una gran victoria para la democracia, pero solo es una exhumación simbólica. Falta una real, que se tenía que haber hecho antes, cumpliendo la sentencia de 2016. No hay que olvidar que la verdadera reparación es la inhumación posterior a la exhumación, un entierro digno conforme a la creencia o religión de cada familia.

P: ¿Qué deberíamos hacer con Cuelgamuros?

R: Tenemos que llegar a un entendimiento sobre qué hacer. Todos los relatos sobre el Valle de los Caídos han sido anteriores a la democracia. Esta es la primera vez que tenemos la posibilidad de explicarlo desde dentro y esto comienza con la exhumación de las víctimas del franquismo, que tienen la única sentencia judicial del mundo que condena la dictadura y ordena exhumar. Lo segundo sería desplazar los restos de José Antonio Primo de Rivera, para lo que basta que lo apruebe el Consejo de Ministros, y lo tercero, convertir el Valle en un centro de Memoria o de Interpretación de lo ocurrido que dé una buena explicación. El concepto de resignificación es imposible; cualquiera que haya estado allí con las víctimas lo sabe. Es un monumento que habla de los vencedores sobre los vencidos, ambos de una misma nacionalidad, cosa que no ocurre en ningún lugar del mundo. No sabemos resignificar y no tenemos tiempo.

P: Ese es un problema fundamental. Muchos de los familiares de las víctimas están en los últimos años de su vida.

R: Los hijos superan los 90 años. Tenemos el ejemplo de Mercedes Abril, que subió al Valle en silla de ruedas y las escaleras apoyada en un bastón. Delante del lugar donde se cree que está su padre, dijo: “Siento que está ahí dentro”, y es lo más próxima que ha estado a él en los últimas ocho décadas. Pero la segunda y tercera generación también está tocada y este año ha sufrido mucho, haciendo frente a serias enfermedades, además de a la pandemia. El tiempo se nos acaba.

P: ¿Hay manera de acelerarlo?

R: Falta voluntad política y para que esta sea real tiene que venir acompañada de un cuerpo jurídico y de una partida presupuestaria en condiciones. Si ambas se dan, hay voluntad, si una de ellas falla, el político está mintiendo. 

"Han pasado 40 años de democracia, esperemos no tener que esperar otros 40 de limbo jurídico."

P: ¿Cuál falla a día de hoy?

R: A día de hoy, las dos. No tenemos ni un término jurídico ni una partida presupuestaria. Hay una sentencia judicial de hace cuatro años que todavía no se ha cumplido y las víctimas, lo hijos y los nietos, se mueren. Esa es la única realidad. Hay 50 peticiones que solicitan exhumar en el Valle de los Caídos. No estamos hablando de un daño a los Presupuestos Generales del Estado.

Han pasado 40 años de democracia, esperemos no tener que esperar otros 40 de limbo jurídico. Desde el momento en que hay una ley, la excusa judicial está superada. Ahora hay que tener el mismo ímpetu para reparar a las víctimas, que para exhumar al dictador. Y no tenemos tiempo.

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