Aintzane Ezenarro: «Con voluntad política se podrá exhumar a los vascos que están en el Valle de los Caídos»

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Aintzane Ezenarro. Fotografía: Hauzea Berrocal. Fuente:noticiasdegipuzkoa.eus

“La convivencia necesita una memoria veraz y honesta, sin hacerse trampas al solitario”, sostiene Aintzane Ezenarro (Getaria, 18-III-1971), al frente de las políticas de memoria

NOTICIA DE GIPUZKOA | IGOR SANTAMARÍA | 4-8-2019

El Gobierno Vasco ha hecho una apuesta importante en materia de memoria.

—Gogora surgió precisamente para promover y coordinar las políticas públicas de memoria, no solo la histórica sino también la más reciente. Y en el momento en que ETA decreta el cese definitivo se ve necesaria una institución de estas características ya que cada una iba por su cuenta, sin una estructura. Además, había que enfrentarnos de cara a nuestro pasado más reciente. La memoria es un ejercicio de reparación a las víctimas pero también una herramienta pedagógica porque nuestros jóvenes tienen derecho a conocer lo que nunca debió ocurrir y lo que no debe volver a repetirse. La memoria tiene que generar una reflexión crítica. Hemos conseguido participación social y que haya pluralidad de sensibilidades. La memoria del país se construye dando cauce a todas las memorias.

Recientemente publicaron el informe sobre los casi 20.000 vascos que murieron durante la Guerra Civil.

—Uno de los objetivos cuando se abarca la memoria histórica es acercarnos lo máximo a la verdad. Tantos años de olvido y silencio provocaron que no se conociera con rigor lo ocurrido, no ya que no hubiera actos de reconocimiento y reparación a las víctimas. Quisimos hacer un informe base de violación de derechos fundamentales, de derechos humanos desde la Guerra Civil hasta que acaba el franquismo. Lo iniciamos con las víctimas mortales del conflicto bélico y hemos presentado un primer trabajo que es incompleto porque es ampliable, ya que una parte responde a la fuente de información directa que puede aportar más datos, los familiares. Se ha mirado todo lo que ya había hecho, se ha entrado en todos los registros civiles y parroquiales de Euskadi... Es una base de datos que no solo tiene perspectiva histórica sino que la hemos cruzado con el Derecho Penale Internacional, que determina cuáles de estas muertes fueron delitos de lesa humanidad. Y por primera vez en un listado así incorporamos a todas las personas fallecidas, cada una en su apartado, como los muertos a manos de los republicanos.

E hicieron un llamamiento a familias que pudieran aportar pistas.

—Desde que presentamos esta base de datos primero convocamos a familiares que conocíamos con una respuesta masiva –a los dos días se presentaron más de 100 personas, cada una con su casuística–, pero todos los días se acercan decenas en busca de información. Es la primera vez que se ofrece un servicio público donde no solo se ha hecho investigación sino que se ha volcado en una base que está a disposición de la gente.Es muy emocionante porque muchos salen llorando: no sabían ni que existía una sentencia de muerte, dónde había fallecido su abuelo... Son muchos años, mucho sufrimiento silenciado en las casas, en las familias... Recuerdo un señor de 80 años que nos llamó por teléfono y supo en ese momento en qué batalla y día murió su padre. Hay casos en los que solo sabemos que se certificó la muerte pero otros en las que hay más información y simplemente no llegaba a las familias. Quiero agradecer a la Iglesia su colaboración porque es la primera vez que los tres obispados han accedido a abrirnos todas las parroquias para la investigación porque por normativa de la Iglesia no se deja entrar a los investigadores hasta pasados cien años.

Es un tema muy de piel, habrá quien nunca encuentre a sus allegados.

—No encontrarán probablemente en qué lugar fue enterrado pero con toda la información que hay sabrán dónde luchó, qué itinerario siguió... ¿Qué nos queda? Intensificar contactos con otras comunidades, como Catalunya, donde murieron muchos vascos, por ejemplo en la Batalla del Ebro, y nos hemos citado para septiembre para ver si en sus listados hay gente de origen vasco. Esperamos a que haya un Gobierno constituido en Madrid, ya que en los últimos nueve meses por vez primera ha existido un director de memoria histórica en España. Hay que ir cerrando el capítulo de la verdad, de la memoria histórica.

¿Sería muy compleja la exhumación de los vascos enterrados en el Valle de los Caídos?

—Hay un listado oficial de unos 31.000 inhumados, muchos sin identificar, y sabemos que desde los municipios vascos fueron llevados unos 1.100, y de esos más de 300 eran cuerpos no identificados, y otros 200 o 300 vascos fueron enviados desde fuera de Euskadi. En algunos casos hay dificultades técnicas, pero lo que pedimos al Gobierno español es que las familias que quieran exhumar los restos y ello sea posible técnicamente, que se haga. Con voluntad política se hace. Ni siquiera habría que esperar a que exhumaran a Franco. Hemos ayudado a hacer la solicitud a diez familias vascas y aún esperan la respuesta por mucha situación de impás.

Es un indicativo de que también se juega a la política con la memoria.

—La memoria debería de ser el espacio donde quepan todas las memorias y no de confrontación, sino que genere reflexión en torno al pasado para no repetirlo. En Euskadi lo estamos consiguiendo de alguna forma, y es que nuestros planes están saliendo adelante sin ningún voto en contra y en nuestros actos participan partidos de distinto signo.Eso no significa que estemos todos de acuerdo en la mirada que debemos hacer al pasado, en el diagnóstico, pero sí en que no podemos emplear la memoria como arma arrojadiza y compartimos la voluntad de hacerlo de manera crítica. Si algo hemos aprendido es que el olvido no resuelve los problemas sino que los agrava, las bases para la convivencia futura necesitan una memoria lo más veraz, sincera y honesta posible, que no se haga trampas al solitario. Desde esa posición podremos transmitir la memoria que se merecen las nuevas generaciones. Lo he dicho antes, los jóvenes tienen derecho a saber lo que ha pasado en su país, no solo hace 80 años, también hace 20 o hace 10;lo que nunca debió ocurrir y ocurrió;y poner las bases para que no vuelva a pasar. Ocultar los hechos traumáticos no lleva a una convivencia sana. Todo esto no tiene sentido si se guarda en un archivo y ahí se queda.

¿Y ese pasado reciente se está transmitiendo correctamente a esta nueva generación de jóvenes?

—Si algo hemos aprendido es que hay que abordar lo ocurrido de frente y mirando lo que no nos gusta de nosotros mismos, y afrontar lo que nos duele. ¿No decíamos nosotros a nuestros abuelos, por qué os habéis callado? En Euskadi todos somos conscientes de lo que toca hacer, y ya cada uno verá lo que hace en su casa. Desde Gogora, con la exposición Memoria Plaza ya había talleres para escolares entre 16 y 18 años con testimonios de víctimas. Están los programas educativos como Adi-Adian, participación de las víctimas en las aulas...

Y el controvertido Herenegun...

—Y fuimos un paso más allá con Herenegun para insertar la memoria reciente en el currículo de las asignaturas ordinarias. Estamos preparando material educativo para una experiencia piloto que se realizará el año que viene. La escuela debe garantizar a los chavales que conozcan su historia desde una perspectiva ética. Que refuercen su compromiso con los derechos humanos. Desde la prudencia, y después del malestar inicial, en la ronda posterior en la que hemos planteado las modificaciones, hemos detectado una aceptación notable que nos invita a ser optimistas de cara a un acuerdo amplio. Más fácil será así generalizarlo en las escuelas.

En relación con el franquismo no pocos afirman en el Estado español que mirar al pasado reabre heridas.

—El dolor siempre está. Lo que buscamos es repararlo todo lo que se pueda. Sacar a la luz la verdad es una forma de reparar. Cuando a la gente le dices que vivió una injusticia eso es un ejercicio de reparación. Aquí intentaremos que haya un acuerdo lo más amplio posible para lograr una declaración que haga un reconocimiento de la verdad de la memoria histórica.

La exhumación y traslado del dictador es, todavía hoy, una asignatura pendiente del Estado.

—Las cosas hay que cerrarlas, esa sí es una herida que está abierta y que requiere un cierre digno y ordenado. El propio Gobierno español sostiene que no tiene parangón que un dictador esté enterrado en un espacio que le ennoblece, y en toda Europa no hay nada que se parezca a eso. Pero esto que hablamos de la memoria histórica, insisto, sirve para la más reciente.

Euskadi, desde luego, está a la cabeza de despliegue de medios respecto a otras comunidades. Y con la vista puesta en formalizar una Ley.

—Estamos trabajando en un anteproyecto de Ley de Memoria Histórica para institucionalizar la verdad. El valor que le doy a lo que se realiza en Euskadi es que se hace con participación plural, es lo mejor para que las políticas de memoria persistan y no haya cortes como pasó en el Estado en la etapa precedente o ahora en territorios como en Andalucía. 

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