Su memoria abre las tumbas

Las masacres estaban planificadas para disolver a las víctimas en el olvido para siempre. «Cuando calculaban que iban a matar, mandaban cavar la fosa». Pero quién le hubiera dicho a José Vázquez Jiménez, mientras enterraba a los fusilados republicanos de la Sierra de Cádiz en los días de calor ensangrentado de 1936, que viviría lo suficiente para reencontrarse 68 años después en el cementerio de El Bosque con los hijos, hermanos y nietos de aquellos muertos, a tiempo de revelarles dónde están las tumbas anónimas donde los sepultó.

El deseo de conocer la verdad se alió con la fortuna para llegar al inolvidable encuentro del pasado lunes. Ana María Venegas Bazán y sus cuatro hermanos crecieron con el recuerdo amargo del asesinato de su abuelo, José Bazán Viruez, concejal de Izquierda Republicana en el Ayuntamiento de Ubrique. Pero no fue hasta el verano pasado, después de leer el libro Las fosas de Franco, de Emilio Silva y Santiago Macías, que le había regalado por su santo su hermana Pepa Alicia, cuando Ana se decidió a buscar lo que quedaba de su abuelo. Entonces sí escribirían el final de su historia.

Por la tradición oral de la familia sabía vagamente que estaba enterrado en el cementerio del vecino pueblo de El Bosque. ¿Pero dónde exactamente?

El alcalde de El Bosque, Antonio Ramírez Ortega, les dijo que llegaban justo a tiempo cuando fueron a verlo en otoño: iba a construir urgentemente otra columna de nichos en el solar libre porque apenas quedaba sitio para seis o siete muertos más. Era el momento de rescatar los huesos que aparecieran al remover la tierra. Entonces, un día a finales de noviembre, el constructor encargado de la ampliación del cementerio, Emilio Vázquez, se encontró con su tío en el camposanto y surgió una conversación providencial.

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