Sobre las víctimas de la represión golpista en Paterna de Rivera (Cádiz) entre julio de 1936 y marzo de 1937

En la memoria de los vecinos de Paterna de Rivera ha quedado un confuso recuerdo sobre cómo se produjo el triunfo del golpe de Estado del verano de 1936 en la población. Se recuerda su ocupación efectiva la noche del 23 de julio y la sucesión de asesinatos que se produjo esa misma madrugada.

A escala nacional la sublevación resultó un fracaso que dio lugar a una larga y cruel guerra que implicó, como primeros pasos hacia la victoria, la ocupación física del terreno enemigo y la eliminación —mediante la muerte— o la neutralización —con su captura— del adversario. Un proceso que en Paterna supuso el asesinato de casi cuarenta personas, la huida y exilio de otras muchas y el procesamiento de otros tantos. La represión en Paterna, como en la mayoría de las localidades que iban ocupando los sublevados, comenzó el mismo momento en que ocuparon la población, continuó durante los años del conflicto y se prolongó durante las largas décadas del franquismo. Se pueden distinguir varias fases.

La primera comenzó con los asesinatos de la noche del día 23, al ocupar y duró hasta comienzos de septiembre. Fueron las semanas durante las que se produjeron casi la mitad de los crímenes que conocemos. El comienzo de la segunda se puede situar a finales de 1936 y se desarrolló plenamente durante 1937. Sobre todo a partir del regreso de numerosos huidos tras la caída de Málaga. Hubo asesinatos y comenzó a actuar de forma masiva la justicia militar. La tercera es la de la «victoria». Desde marzo de 1939 comenzaron a regresar al pueblo aquellos que habían huido tres veranos antes y eran devueltos a su localidad natal desde los más diversos puntos del país tras pasar por campos de concentración en donde eran identificados y clasificados. Contamos con una variada muestra de consejos de guerra, tanto individuales como colectivos, en los que se advierte el afán por rematar la limpieza comenzada tres años antes. Tanto con los considerados «cabecillas» como con quienes habían cometido el error de huir por miedo.

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