Represión franquista, exilio republicano y deportación nazi: el tránsito de la Guerra Civil Española a la Segunda Guerra Mundial

En la tercera de sus acepciones, el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define el vocablo represión como “acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales”. Desde sus inicios, el paraestado franquista fundamentó precisamente su legitimación sociopolítica en el uso de la violencia, en los frentes y en la retaguardia. Su objetivo era meridiano: acabar con un régimen legítimo, la Segunda República, y para ello tenía que ganar la guerra y acallar a la disidencia. En estas circunstancias la represión franquista constituyó un elemento militar y de control sociopolítico de primer orden.

Respecto al término exilio, el DRAE recoge varias acepciones. En la primera de ellas lo define como “separación de una persona de la tierra en que vive”; en la segunda, al hablar de “expatriación, generalmente por motivos políticos”, hace referencia a una de las principales causas del exilio, la política. En palabras del catedrático Juan Bautista Vilar el “exilio”, ya sea voluntario o forzoso, conlleva la prohibición expresa de regreso, es decir expulsión, exclusión y destierro… por considerársele [al exiliado] un delincuente político de acuerdo con la normativa legal vigente en el respectivo país de origen y en cada circunstancia histórica concreta.

En la década de los treinta de la centuria pasada la sociedad española vivió cambios muy intensos que comportaron una mudanza de régimen político, de la monarquía alfonsina a la Segunda República, y con ello la implantación de un sistema democrático. De este modo, se hizo posible el acceso al poder de las organizaciones obreras, y ello puso en peligro el tradicional monopolio ideológico y económico de terratenientes, industriales, ejército e Iglesia en la sociedad española.

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