Un nuevo significado para los viejos tiempos. Interpretación de la Guerra Civil y el primer franquismo en Conil de la Frontera (Cádiz)

La historia del tiempo presente tiene como característica específica ocuparse de unos hechos y un tiempo de los que existen testigos y, por lo tanto, de los que hay memoria directa. Es por definición “historia vivida” y, aunque memoria e historia sean cosas distintas, esta especialidad historiográfica se ve afectada por las reelaboraciones incesantes de la memoria colectiva que tan profundamente alimentan la identidad social de los individuos. Es el suyo el terreno del testimonio y la subjetivad, porque entiende de los temas que afectan más directamente a la propia experiencia temporal de los seres humanos.

En Europa el tiempo de la historia actual tiene como puntos de partida la II Guerra Mundial y, en el contexto de la misma, la vivencia de unas formas de violencia hasta entonces desconocidas: la experiencia de los estados totalitarios culminó en la “modernidad”, paradójicamente fundamentada en la racionalidad y la barbarie, de los campos de exterminio nazi y en el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Sin responsabilidad, sin complejos de culpa, el mal se banalizaba hasta dejar al individuo sin capacidad de reclamar sobre su propio sacrificio. De ahí el valor moral de las víctimas, de los supervivientes y de quienes los escuchan, y la obligación de las sociedades democráticas de encarar estas demandas como posibilidad de reparación de la culpabilidad del Estado. De ahí también las posibles implicaciones éticas que se derivan del “tiempo presente” y de la reflexión sobre el mismo.

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