Mapa de Fosas de Sevilla. Informe sobre las fosas comunes de la represión franquista en la provincia de Sevilla

El Equipo investigador

La investigación del Proyecto Mapa de Fosas en la provincia de Sevilla se inicia en la primavera de 2006 y ha contado, en diversos períodos, con el siguiente equipo: Víctor González (geógrafo), Ángel del Río (antropólogo social), Agustín Peláez, Jesús Román, Dolores Lobillo y Juan J. Ruiz Cupido (historiadores), bajo la coordinación de Ángel del Río.

Las fuentes de la investigación

La inmensa mayoría de las fosas existentes en la provincia de Sevilla se originan en el período comprendido entre julio de 1936 y febrero de 1937 —conocido como el de la represión caliente—, y definido por la aplicación del bando de guerra de turno que instaba al asesinato sin procedimiento judicial alguno. Este hecho provoca que apenas existan fuentes documentales escritas sobre los desparecidos y las fosas. No obstante, se han consultado los libros de defunciones de los registros civiles (donde sólo hay inscritos una parte, a veces ínfima, de los asesinados y, además, sólo en algunos casos se especifica el lugar de enterramiento); los registros de los cementerios (inexistente en la mayoría de las localidades para el período que nos interesa). En los archivos municipales se ha consultado, la mayoría de las veces sin éxito, cualquier información relacionada con los años de la represión en busca de algún dato que arrojara luz sobre las fosas. La información recabada de otros archivos (Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla, Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares…) ha sido, aunque de interés, muy escasa. De igual modo, las fuentes hemerográficas han sido poco productivas para nuestra investigación. De mayor interés han sido las investigaciones locales sobre la represión a las que hemos tenido acceso (editadas o no), no tanto por la información que aportan sobre las fosas, que son las menos, sino, por el retrato del contexto y de los protagonistas.

La historia oral, con todos los problemas metodológicos que acarrea y del que hemos sido conscientes desde el principio, ha sido la herramienta principal y más útil para la consecución del proyecto. Las entrevistas con investigadores locales, políticos con responsabilidad municipal en distintas etapas, sepultureros, personas mayores y, sobre todo, con los familiares de las víctimas han sido las que han proporcionado el grueso de la información.

Hay que señalar que la mayor parte de la información recabada ha sido fruto de entrevistas informales con distintos agentes. El Mapa de Fosas se ha realizado en un momento en que recabar datos sobre la represión y las fosas era una tarea que exigía muchísimo esfuerzo por ser un tema muy incómodo para la mayoría de los potenciales informantes. En los últimos meses, sobre todo a raíz del proceso judicial iniciado por el Juez Garzón y el enorme impacto mediático que ha tenido el tema de las fosas, ha cambiado visiblemente la forma de afrontar la problemática en los ámbitos locales.

Las cifras de la represión

El historiador José María García Márquez, después de muchos años de minuciosa investigación en distintos archivos, ha contabilizado y registrado hasta el momento (septiembre de 2008) 11.694 víctimas sevillanas de la represión. De éstas, 164 (cifra que aumentará) fueron asesinadas en otras provincias, Málaga y Madrid principalmente, por lo que sus cuerpos no fueron enterrados en alguna fosa de la provincia. Sin embargo, habría que añadir a más de 200 víctimas de Huelva y Córdoba, sobre todo, a las que se le aplicó el bando de guerra en la provincia de Sevilla, más los 482 muertos en la prisión y campos de concentración en Sevilla que en su inmensa mayoría fueron enterrados en fosas comunes. También, si añadimos los 56 prisioneros políticos, en su mayoría vascos, muertos en accidente ferroviario en 1937 y enterrados en dos fosas en Alanís de la Sierra, podremos asegurar con rigor, teniendo en cuenta de que fueron muy pocas las víctimas que pudieron enterrarse en nichos individualizados, una cifra insignificante con respecto al total, que en la provincia de Sevilla se ha llegado a albergar a más de 12.000 víctimas de la represión en las fosas comunes. Esta cifra aumentará, sin duda, conforme vayan avanzando las investigaciones locales.

No es adecuado cuantificar el número de fosas. No se saben las que hubo y no se sabe las que hay en la actualidad hasta que se abran. Se pude saber dónde hay fosas pero no cuántas. ¿Cuántas puede haber sólo en el Cementerio de San Fernando en Sevilla? En este informe hay datos de fosas de 83 municipios sevillanos. No quiere decir que en los 22 restantes donde no se han documentado la existencia de fosas no las haya habido en el pasado o actualmente. De igual modo, las detectadas en esos 83 municipios no deben entenderse como las únicas. Sin duda hay otras que han pasado desapercibidas y, sobre todo, hubo en el pasado muchas más que hoy ya no existen. En el Aljarafe, en la Sierra Norte y Sur, en la Campiña o en la Vega tenemos la certeza de que ha habido fosas que han quedado sin registrar por no poder acceder a una mínima información sobre ellas. Es la hora de que cada Ayuntamiento haga su propio mapa de fosas. Sólo de esta manera podremos aproximarnos de manera rigurosa a la trágica realidad del pasado.

Es enormemente dificultoso localizar las fosas exteriores de los cementerios si no han sido señaladas de alguna manera, por la acelerada transformación del paisaje producida en las últimas décadas: construcción y ampliación de carreteras que ha destruido muchas fosas de las cunetas, urbanización, corrimientos de tierras, acción de las alimañas... La clausura de los cementerios en numerosos municipios en los años del franquismo y la democracia y la construcción de otro nuevo, ha favorecido la destrucción y desaparición de los restos de un buen número de fosas definitivamente: porque los restos fueron depositados en los osarios y confundidos con otros, o fueron destruidos por las máquinas o sepultados en los cimientos de nuevas construcciones… También, las obras de ampliación y remodelación de los viejos cementerios —hecho generalizado en todas las localidades— han afectado negativamente sobre las fosas, que se han visto alteras o han sido expoliadas, al construirse sobre ellas nuevas sepulturas.

La odisea emigratoria de buena parte de la población andaluza —especialmente la perteneciente a los vencidos de la guerra—, que diezmó numerosas localidades de la provincia provoca una pérdida importante de la memoria colectiva. A la vez, el silencio durante tanto tiempo, el dolor y el temor a hablar todavía de estos temas por parte de muchos familiares, hace que la memoria sea fugaz y laxa a la hora de ubicar a sus seres queridos asesinados en un lugar concreto. En definitiva, el trabajo de campo ha podido rescatar, de la memoria escrita y oral, más de 160 enterramientos de víctimas que aumentarán con toda seguridad con las investigaciones detalladas de ámbito local que se llevan a cabo en la actualidad o que están proyectadas para el futuro próximo.

Es preciso señalar que el significado riguroso de fosa no es aplicado como tal. Por fosa se entiende la unidad de enterramiento construida bajo rasante, destinada a alojar uno o varios cadáveres y restos. En este informe es habitual adjudicar una fosa a poblaciones como Lora del Río, Villanueva del Río y Minas, Constantina, Cazalla, Paradas… por citar algunas que contienen los restos de centenares de víctimas, cuando la realidad, si aplicáramos de manera correcta el término sería otra. Habría muchísimas más fosas en esas localidades.

Notas del Coordinador

El informe está divido por comarcas con sus correspondientes localidades. Cada comarca está precedido por un cuadro en donde figura la localidad, la fecha en que fue ocupada por las fuerzas sublevadas y el número de víctimas estimadas. Estas cifras han sido tomadas de José María García Márquez: “La represión en la provincia de Sevilla” editado en el Dossier de las II Jornadas Memoria y Justicia: la represión en Huelva y en la cuenca minera. AMHyJA, 2005.

Hay casos donde el número de víctimas mostradas ha aumentado conforme han ido apareciendo nuevas investigaciones. Dado que la historia oral ha sido la fuente primordial de la investigación, la responsabilidad de los datos ofrecidos es, exclusivamente, de los investigadores. Existen localidades en donde se ofrecen una serie de datos sin citar cuáles son las fuentes de información. En la base de datos interna se aportan, no siempre, tales fuentes, pero el coordinador no se siente autorizado para descubrirlas en el informe. De ahí que cada localidad vaya acompañada de las iniciales del investigador que se ha hecho cargo de ella. A saber: AP: Agustín Peláez; VG: Víctor González: JR: Jesús Román; DL: Dolores Lobillo; JJR: Juan J. Ruiz y AdR: Ángel del Río. No obstante, las informaciones orales han sido contrastadas, pueblo a pueblo, en la medida de lo posible, con otras fuentes, básicamente bibliográficas, que se citan al final, o mediante la consulta a especialistas. En este sentido es bueno precisar que, en algunos casos, puede que el trabajo no (de)muestre realidades históricas, pero, al menos, (de)muestra percepciones vigentes que son realidades del presente. Este informe no es una guía detallada de todas las fosas de la represión franquista de la provincia de Sevilla, con su historia y con listados con las identidades de las víctimas que cada fosa contiene. Esa tarea es, sencillamente, imposible. El informe ha de concebirse más como un primer inventario del conocimiento de las fosas que hay en cada localidad y de las actuaciones que han sufrido en todas las décadas transcurridas desde que se originaron: expolios, destrucción, abandono, exhumación, dignificación… En este sentido, este trabajo tiene como finalidad esencial estimular la tarea investigadora para completar las muchas lagunas que tiene este mapa de fosas y poder completarlo lo máximo posible.

La gran mayoría de las fosas están identificadas mediante coordenadas espaciales y fotografías aéreas (ortofoto). Estos datos, junto a otros que no se han incluido en este informe, están en la base de datos.

Habría que nombrar a muchas personas que han colaborado activa y desinteresadamente en el proceso de elaboración del mapa de fosas con informaciones diversas: testimonios, documentación, fotografías, contactos… pero sería un listado muy extenso y siempre faltaría alguna persona. Pero es ineludible citar a José María García Márquez (investigador) y Cecilio Gordillo (www.todoslosnombres.org) por todo el apoyo prestado.

Ángel del Río Sánchez
(Coordinador)

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