Los olvidados de Stutthof. Interviú rescata siete nombres de españoles que pasaron por el campo nazi de Stutthof (Polonia)

Los olvidados de Stutthof

Interviú rescata los documentos de siete españoles que pasaron por uno de los campos de concentración más terribles de Polonia.

Tenían sueños, nombres y apellidos, pero el nazismo los condenó a ser simples números, en el norte de Polonia. Casi sesenta años después de su descenso a los infiernos, Interviú ha localizado las fichas de detención de siete españoles que pasaron por el campo de concentración de Stutthof. Solamente hay constancia de la muerte de uno de ellos. El destino de los otros seis es un autentico misterio.

Interviú | Danilo Albin | 19-25 Diciembre 2011

El silencio domina la lluviosa mañana en los alrededores de Sztutowo, pueblo situado a 320 Km. De Varsovia y que os nazis renombraron como Stutthof. Al otro lado de un oxidado alambre de púas, estudiantes polacos bromean con sus paraguas. Tienen entre 12 y 13 años. Medio minuto después, cambian de rostro. “Mira, esta es la puerta de la muerte”, comenta uno mientras se detiene frente a un cartel donde se explica que de los 110.000 prisioneros que llegaron al campo de concentración, 65.000 no volverían a salir.

Unica pista

En el campo polaco, con los números 13.313, 13.314, 13.315, aparecen las fichas elaboradas por los propios nazis de los españoles José Luís Sánchez Días, Pedro Cervantes Sánchez y Antonio Ibáñez Panandes, respectivamente.

Escondido entre frondosos árboles, Stutthof fue el primer centro de exterminio nazi construido fuera de Alemania. Al principio fue usado para martirizar a intelectuales judíos, y por sus barracones acabarían desfilando prisioneros de varias nacionalidades, incluyendo españoles. Según ha podido comprobar Interviú, en sus archivos figuran los nombres de siete españoles que conocieron las brutalidades cometidas en este lugar. Cinco de ellos atravesaron la puerta de la muerte el 24 de abril de 1942, provenientes del campo de trabajo que los nazis habían montado en la cercana ciudad de Gdynia. Sus nombres eran Juan Alfonso Ferrer, Antonio Malpartida Verdaguer, José Luís Sánchez Díaz, Pedro Cervantes Sánchez y Antonio Ibáñez Panandes. Sus fichas personales permiten saber que fueron llevados a Stutthof como medida de sanción por “ausencia injustificada de su lugar de trabajo”, algo que el régimen de Hitler consideraba como una afrenta “contra la nación y el Estado alemán”. En la declaración que les obligaron a firmar, los prisioneros reconocían además el delito de “falsificación de documentos”. El castigo duró 45 días: el 8 de Junio de 1942, los cinco españoles fueron enviados nuevamente al campo de trabajo. “A partir de ese momento no sabemos que pasó con ellos”, dice la historiadora Danuta Drywa.

NO HAY RASTROS DE ELLOS

Los nombres de los estos españoles no figuran en ningún registro. Ninguno de ellos aparece en el estudio sobre deportados a los campos nazis que realizaron los investigadores Benito Bermejo y Sandra Checa y que el Ministerio de Cultura editó como libro-memorial en 2006. Desde entonces ha tenido diversas actualizaciones pero ninguna que permitiese conocer el destino de los cinco. Tampoco tienen datos en la asociación Amical de Mauthausen y Otros Campo, formada por sobrevivientes y familiares de víctimas españolas del nazismo.

Solo las fichas elaboradas por los nazis ofrecen algún dato. Pedro Cervantes Sánchez, un “presunto electricista” de Ceuta, cumplió los 17 años el 30 de abril de 1942 en ese horrendo sitio. Entonces no era Pedro, sino el prisionero 13.314. Antonio Malpartida Verdager, un leridano al que le fue asignado el número 13.312, había alcanzado la mayoría de edad en enero de ese mismo año. El abulense José Luís Sánchez Díaz -13.313 en los ficheros de Stutthof- había cumplido los 18 el 5 de Junio de 1942. El 13.311 era Juan Alfonso Ferrer de 22 años y nacido en Barcelona, mientras que Antonio Ibáñez, catalogado como el prisionero 13.315 había cumplido 28 una semana antes de ser trasladado a este campo. Excepto Cervantes, todos los demás fueron anotados como “cerrajeros” de oficio. Lo que sí coincidía era la religión: todos eran “catolicos”.

Asimismo, en los archivos a los que ha accedido Interviú también aparece el nombre de Domingo Eskurra, nacido en Tarragona y casado con una mujer llamada Mercedes. Como motivo de su detención, fechada el 14 de agosto de 1942, figura el delito de “manifestaciones hostiles contra lo alemán”, lo que está acompañado por una detallada descripción fisica del acusado. Todo, además de su nombre, se perdió detrás de un número de cautivo: el 15.797. Tras soportar todo tipo de sufrimientos, Domingo murió el 11 de octubre de 1942. Los investigadores polacos desconocen donde están sus restos.

Casi dos años más tarde entró en Stutthof, Joaquín Sánchez Escribano, nacido e 1926 en Albacete, ebanista y proveniente del campo de Dachau (Alemania). Tampoco se sabe que pasó con él. Aaron Balbaryski, un lituano que estuvo allí en esas fechas, relata que las condiciones en que vivían eran terribles. “llegué a Stutthof en septiembre de ese año. Entonces el campo era manejado por prisioneros alemanes con antecedentes por asesinato, y ellos a su vez eran supervisados por los SS. Me acuerdo que nos metieron en un bloque a golpes y apenas nos daban de comer”, declara desde Buenos Aires, donde reside. En la capital argentina también vive Raia Sznajderhaus, otra sobreviviente. “Jamás lo podré olvidar. Las epidemias de fiebre tifoidea, gente muriendo… fue muy, muy doloroso”, afirma. En enero de 1945, el avance de las tropas soviéticas obligó a los nazis a evacuar a quienes aún permanecían en este campo. El último día de enero, los SS fusilaron a cerca de cinco mil prisioneros de Stutthof. Otros tantos fueron asesinados durante el peregrinaje hacia Alemania. De los siete españoles solo quedaron sus fichas, hoy rescatadas del olvido.

NO HUBO SUPERVIVIENTES

La publicación `Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945)´ solo incluye los nombres de dos ciudadanos que habrían pisado Stutthof: el cerrajero José Sierra y el agricultor Ángel Colino. En el caso de Sierra, los investigadores determinaron que había nacido el 16 de septiembre de 1922 en la localidad catalana de Tortosa. Fue el prisionero 24.343. Su corazón dejo de latir el 8 de enero de 1945 en Neuengamme, cerca de Hamburgo. La causa oficial fue tisis pulmonar. En cuanto a Colino, apenas se sabe que había nacido el 9 de julio de 1925. Su nombre también figura en los listados de la Fondatión pour le Mémorie de la Deportatión, donde consta que había sido enviado a Stutthof el 13 de octubre de 1944. Según esa misma fuente, logro escapar el 7 de febrero de 1945. En el libro `Los cerdos del comandante´ los investigadores Eduardo Pons y Mariano Constante concluyeron que resultaba imposible conocer el número de españoles que habían pasado por Stutthof, “puesto que no hubo, entre ellos, ningún superviviente”.

PEOR QUE LOS PERROS

Nada más comenzar el recorrido por el museo instalado en Stutthof, el visitante se encuentra con un cartel que aporta un dato tan repugnante como atroz: en este sitio, los perros guardianes recibían un rato infinitamente mejor que el dispensado a los seres humanos. “El más ligero (de los animales) pesaba más que una preso muerto de hambre, 26 kg…” -, puede leerse en la entrada de la perrera, una edificación bastante superior a los sucios y húmedos barracones en los que eran hacinados miles de muertos en vida. En el otro extremo del campo está la horca, cerca del crematorio. Justo enfrente aparece una construcción de ladrillos. Los turistas se detienen en su puerta, hoy abierta y hace 60 años cerrada, cruelmente cerrada. Es la cámara de gas.

 

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