Los alcances del movimiento social de Recuperación de la Memoria Histórica. Apuntes de la experiencia andaluza

LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA COMO CAMPO DE INVESTIGACIÓN ANTROPOLÓGICA.

En los últimos años, en el Estado español, estamos asistiendo a una verdadera eclosión de un nuevo movimiento social autodenominado de Recuperación de la Memoria Histórica (RMH) que se caracteriza, principalmente, por su gran capacidad de articulación social y por la extraordinaria repercusión mediática que tienen las acciones emprendidas, así como los debates que suscita. En efecto, las asociaciones de RMH –a las que se han sumado otras, de defensa del patrimonio, que han entendido la MH como recurso patrimonial- han proliferado en apenas cinco años de existencia por todo el territorio, involucrando, más allá de los familiares de las víctimas de la guerra civil y la dictadura fascista del general Franco , a investigadores e intelectuales de diversos campos, especialmente de la historia, pero también de la antropología, sociología, politología, derecho, filosofía, psicología, periodismo, literatura y otras expresiones artísticas, así como a otros muchos grupos sociales motivados por anhelos de justicia, dignidad, verdad… con respecto a nuestro pasado reciente. Por otra parte, este creciente interés por la MH ha provocado que determinados “grupos de poder” entre los que hay que incluir a partidos políticos y grandes centrales sindicales con sus entidades satélites como fundaciones, medios de comunicación, etc., se hayan aproximado al fenómeno social con intereses, en muchos casos, claramente instrumentales.

Llama la atención que los episodios de la guerra civil y la dictadura (1936-1977) broten de manera espectacular ahora, a treinta años vista de la muerte del dictador y tras veintisiete de democracia constitucional, cuando ya quedan pocos supervivientes de la generación protagonista de la guerra y la más directamente represaliada en la inmediata posguerra. En un breve periodo de tiempo, la sociedad andaluza y española ha asistido, no sin cierto asombro, a la aparición masiva de hechos y episodios históricos que parecía que no habían tenido lugar dentro de nuestras fronteras. Se comienza a hablar a viva voz de las fosas comunes, de las decenas de miles de hombres y mujeres asesinados por los fascistas que hay repartidos por ellas, y se da inicio a un proceso imparable de exhumaciones. Día a día van apareciendo nuevos estudios en donde se muestra la perversa naturaleza del Estado franquista, cimentado en una violencia represiva sin precedentes en lo últimos siglos de nuestra historia: detenciones masivas, institucionalización de la tortura, matanzas, desapariciones, infames condiciones carcelarias, campos de concentración, trabajo esclavo al que fueron sometidos miles de presos políticos para la realización de obras públicas y privadas; niños robados a madres republicanas, persecución y reclusión de colectivos concretos más allá de los directamente posicionados con opciones políticas republicanas y/o revolucionarias, como el de maestros, librepensadores, homosexuales, etc.; expolio a gran escala del patrimonio de organizaciones y de familias “rojas”, humillación y ostracismo laboral, y un largo etcétera que dan fe de la existencia de un implacable estado terrorista que se prolongó con distintas intensidades durante cuatro décadas. También, aparecen con fuerza otros episodios que fueron tremendamente tergiversados durante la dictadura y silenciados en la democracia, como es el caso del maquis o guerrilla antifranquista que operó hasta bien entrados los años 50 –y, en algunas ciudades, hasta los 60– por gran parte del territorio del Estado. En definitiva, se hacen visibles episodios de nuestra historia, hasta ahora inéditos para la generalidad, que estaban muy restringidos a determinados ámbitos de producción y consumo de temática histórica, aunque permanecían vivos de manera clandestina en la memoria de una buena parte de la sociedad. Como corolario a esta erección de la historia y la memoria de la represión franquista, están, a modo de ejemplo, los asombrosos, por inesperados, éxitos editoriales de novelas como Soldados de Salamina de Javier Cercas (y su versión cinematográfica de David Trueba) o La voz dormida de Dulce Chacón; o la aparición, a una escala más que considerable, de centenares de títulos de divulgación y científicos sobre estos temas que ocupan los lugares más vistosos de las librerías . Y, en otro nivel, cabe apuntar el enorme impacto social que han causado algunos documentales emitidos en algunas cadenas autonómicas de televisión, como el de Los niños perdidos del franquismo y Las fosas del silencio de Montse Armengou y Ricard Belis, entre otros muchos.

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