Las fosas donde yacen cantillaneros... y cantillaneros sin fosa

Los primeros fusilados y los muertos habidos al entrar en el pueblo el día 30 de julio de 1936 las tropas del comandante Gutiérrez Pérez están enterrados en la fosa común de Cantillana. Muy pocos conocían su existencia. El lugar concreto, donde es posible que reposen sus cuerpos, era conocido por los sepultureros, que se habían pasado la información de unos a otros, y un cantillanero que no olvidaba poner, de vez en cuando, algunas flores, como una forma de recordar y honrar a todos los fusilados, estuviesen allí o no. Actualmente es lugar de paso entre dos partes del cementerio, por lo que está dentro de su recinto; entonces, era el quemadero y estaba fuera del mismo.

A pesar de las investigaciones realizadas entre 2004 y 2006, recogidas en mi libro “Cantillana II República. La Esperanza Rota” (Muñoz Moya, 2006), no se puede saber con exactitud cuántos cantillaneros fueron hacinados en ella. Sólo hay algo seguro: la fosa existe, está localizada y en ella yacen algunos cantillaneros, los que mataron al entrar la tropas rebeldes en Cantillana y los que ese mismo día fueron fusilados en el Barranco.

¿Qué ocurrió el 30 de julio? Las tropas del comandante Gutiérrez Pérez, al entrar en Cantillana, y en respuesta a la leve oposición que pusieron algunos cantillaneros, hirieron a dos vecinos: José Martínez García, de 21 años de edad, que morirá antes de que la ambulancia llegara a Los Pajares (a dos kilómetros del pueblo), camino de Sevilla, y Manuel Rodríguez Machuca, al que habían dado un tiro en la cara y que en la misma ambulancia fue trasladado al Hospital de Sevilla, donde curaron sus heridas, bajo estrecha vigilancia. Tenía 22 años. Varios metros más adelante cayeron muertos, en plena calle La Esperanza, Juan González Espinosa, el hijo de Carmen Espinosa (Carmela la Huesna), de 12 años de edad, y Rafael Romero Monge, de 20 años. Una bala “perdida” mató a los dos, según la versión que ha llegado hasta nuestros días.

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