La represión franquista en Fábrica de Hierro: Fin de una aldea

A la llegada del verano de 1.936 la Aldea de Las Minas y Fábrica del Hierro contaba con una población acreditada que sobrepasaba en poco los doscientos habitantes, dos tercios de los cuales eran mayores de 20 años. Un alcalde pedáneo, nombrado por el Presidente del Ayuntamiento de Cazalla de la Sierra, población a la que a todos los efectos legales y administrativos pertenecía la entidad, si bien la titularidad de los terrenos donde se hallaba enclavada estaba en manos de la compañía minera que la fundase, llevaba la administración del lugar, el cual, aún cuando la actividad productiva podía darse por extinguida, todavía mantenía entre sus instalaciones escuela, capilla, estación de ferrocarril y puesto –un cabo y cuatro números- de la Guardia Civil.

Hasta que el 26 de Febrero de 1.936 la nueva Corporación del Ayuntamiento de Cazalla le aceptase la renuncia, presentada por él mismo mediante escrito elevado a Pleno como “dimisión con carácter irrevocable”, Eduardo de Rojas Bermejo, que contaba entonces 29 años, había simultaneado durante los dos últimos los cargos de alcalde y maestro de la aldea, a la par que desarrollaba una intensa actividad política desde las filas de la derechista A.P., muy cercano al núcleo fundacional de los falangistas de Cazalla con quienes mantenía cordiales relaciones tanto por edad como por pensamiento. Firme partidario en 1.934 de la creación de los grupos de Guardias Jurados Rurales Armados, impulsados por las derechas en todo el territorio nacional desde su llegada al poder el invierno anterior, vio como la Corporación de Cazalla, en el Pleno celebrado el 10 de Octubre de dicho año, acordaba la creación para la aldea de Fábrica de un grupo de 11 guardias jurados armados que quedaban bajo la autoridad máxima, como cabo de grupo, del susodicho alcalde pedáneo.