La represión fascista en la localidad de Lantejuela durante el verano negro de 1936

Soy nieta de fusilado. Mi abuelo se llamaba Manuel España Gil, un jornalero de 28 años de Lantejuela, asesinado en el Cementerio Municipal de San José de La Puebla de Cazalla el 17 de septiembre de 1936, junto a 6 compañeros más, a manos de miembros de la Falange de Lantejuela. Mi abuelo es uno de los pocos afortunados que tiene partida de defunción; su muerte consta inscrita el 18 de mayo de 1945, por orden del Juzgado de Osuna, y la causa es «por aplicación del bando de guerra». Muchas de las víctimas de la represión no tienen partida de defunción y a otras se les hizo desaparecer la del nacimiento. ¿Dónde están esas personas? ¿Cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje? Rescatar su memoria es el único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas del futuro.

Llevo trabajando en el rescate y recuperación de los restos de mi abuelo desde finales de 2004, por lo que pertenezco activamente al Movimiento por la Recuperación de la Memoria Histórica. Y ya no es sólo la búsqueda de mi abuelo, cuentan para mí sus 6 compañeros, y todas las víctimas que se encuentran en esa fosa; además de la recuperación de los restos de Juan Cadenas García, ejecutado en el Cortijo de La Rabia (Écija), con fallidos intentos desde 2006 de poder entrar en la finca, acompañando a su nieto Antonio Cadenas Pareja.

Mi intervención, por tanto, viene enfocada irremediablemente no sólo en cómo se produjo la represión en esta localidad durante el golpe militar de 1936 y en los meses negros que le siguieron, sino también en la denuncia pública de la existencia de las fosas comunes por toda la geografía de España, panorama éste que resulta esperpéntico dado que llevamos más de tres décadas de democracia, y su existencia nos abre el pensamiento y nos pone de manifiesto que algo se ha hecho mal, o que no se ha hecho, en la historia política de este país. El resultado es más que evidente: nuestra democracia está descafeinada y se ha construido bajo los pilares de esos enterramientos colectivos e ilegales de personas desaparecidas, tremendos agujeros que cuando se abren recuerdan mucho al holocausto nazi.

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