La represión en El Coronil: Manuel Mateos Palacios y José Pérez Marín

Nunca se conocerán las razones reales que condujeron y provocaron el asesinato de estos dos coronileños, vecinos y parientes pero, por encima de todo, dos buenas personas.

En el caso de José Pérez, quizás pudieron haber contribuido algunas disputas o discrepancias que se hubiesen suscitado con algunos vecinos de derechas, cuando ejerció la Presidencia del Círculo Mercantil de la localidad; o bien en su condición de Presidente de la Comisión del Frente Popular, como afiliado al partido de Izquierda Republicana y haber resultado elegido en la Junta Municipal del Censo Electoral reunida el 29 de abril de 1936 como candidato apoderado número 8 del Frente Popular en las Elecciones Municipales previstas para ese año, y que nunca llegaron a realizarse.

En el caso de Manuel Mateos, pudo haber influido el litigio sobre una partición de bienes, que sostuvo con un sobrino suyo, hijo de un hermano y destacado falangista del municipio;
o quizás su afinidad a las izquierdas, que le llevaron a ser elegido como interventor por el Frente Popular, por el distrito 1, sección 4 también en la misma Junta Municipal del Censo
Electoral antes citada y para las frustradas Elecciones Municipales del 36.

Es probable que las razones de estos asesinatos también pudieran encontrarse en la combinación de algunas de las circunstancias enumeradas anteriormente habida cuenta de su parentesco. Manuel y José eran suegro y yerno respectivamente.

O algo más simple y no menos cruel: las reiteradas órdenes de exterminio lanzadas desde el Gobierno Militar del Ejército sublevado y rebelde por el General golpista Queipo de Llano, que dirigió sin distinción contra toda la ciudadanía sevillana republicana, de izquierdas o sospechosa de serlo.

Para la historia queda que Manuel Mateos Palacios, alias el Zamboro, nació en la casa número 5 de la calle Higuera de El Coronil, en la Provincia de Sevilla, el día de nochebuena de 1877. Era hijo de Antonio Mateos Soto, que había sido Alcalde de este pueblo en la segunda década del siglo XX, y de María Palacios del Valle. El apodo le venía atribuido por la peculiar forma de llamar su madre, cuando era niña, a las zamboas. Y es que, en los pueblos pequeños, se heredan hasta los motes.