La columna de los ocho mil: una tragedia olvidada

El 5 de agosto de 2005, en el marco de la semana cultural de las fiestas patronales de Llerena, se estrenó la versión definitiva del documental La Columna de los Ocho Mil. Atrás quedaban casi dos años de trabajo por parte de los miembros de la Asociación Cultural Mórrimer y de una legión de desinteresados pero imprescindibles colaboradores. La tarea no era fácil. Por un lado teníamos que poner en pie una emotiva y desconocida tragedia de la Guerra Civil Española, para contarla de manera audiovisual; con todas las virtudes y limitaciones de este medio. Y por otra, hacer frente a los infinitos problemas técnicos que un proyecto de esta magnitud plantea a una organización tan humilde como la nuestra. Pero la historia lo merecía. Y las víctimas. Y sus familiares, muchos de los cuales han pasado casi 70 años sin saber lo que ocurrió, ni el lugar donde está enterrado su padre, o su abuelo, o su tío. Para ello también teníamos que hacer frente a nuestros propios fantasmas y a los de la sociedad española, que todavía no ha digerido convenientemente los sucesos derivados de la Guerra Civil y la posterior represión franquista. El resultado es un documental de 68 minutos de duración en el que han participado o colaborado desinteresadamente casi cien personas, producido por una asociación cultural sin ánimo de lucro de Llerena. A otra productora le hubiese costado muchos millones de las antiguas pesetas.

Desde el punto de vista de la documentación, la inmensa mayoría de los libros que abordan la Guerra Civil en Extremadura no hablan de esta historia. Parece difícil de creer que una tragedia que afectó a miles de personas de unos 50 pueblos diferentes de las provincias de Badajoz, Huelva y Sevilla fuese desconocida por tantos y tantos especialistas en la materia, pero es así. Se pueden contar con los dedos de la mano los artículos que hablan de la columna. Autores como Pons Prades, Justo Vila Izquierdo, José R. Vázquez Domínguez y Vitorio C. Rafael Quintana la mencionan en sus escritos. Sin olvidar el comentario de Miguel Hernández en uno de sus relatos y la versión de los sucesos que el escritor Manuel Vilches hace en una de sus obras. Recientemente, Francisco Espinosa y José María Lama; y en menor medida Manuel Martín Burgueño, han tratado el tema más profundamente. El trabajo de estos tres autores fue nuestro punto de partida. Y la colaboración desde el principio, sobre todo de los dos primeros, ha sido vital en la elaboración del documental. Pero sería deseable la aparición de nuevas investigaciones sobre algunos aspectos un tanto difusos de la historia y de estudios a nivel local de algunos de los pueblos con personas afectadas por la tragedia.

Para la correcta realización del documental era imprescindible que aparecieran testimonios orales de personas que vivieron los hechos. Uno de los principales objetivos que nos planteamos desde el principio era minimizar la voz en off y que estas personas aparecieran narrando lo ocurrido. Así que nuestra principal labor fue la localización de testigos directos de la tragedia que estuvieran dispuestos a colaborar con sus testimonios. Por un lado le darían validez a la historia y por el otro nos ayudarían a recomponer algunas partes que no estaban muy claras. La estrategia que utilizamos fue contactar con historiadores locales de algunos de los pueblos afectados y con diversas personas interesadas en colaborar en la búsqueda. Entre ellos podemos destacar a Andrés Oyola, Cayetano Ibarra, Andrés Serrano, José Ignacio Jiménez, Antonio González, Luis Garraín y Manuel Lima. Ellos nos ayudaron contactar con las 18 personas que aparecen en el documental contando sus vivencias. Estos 18 testimonios son el alma del documental, y no es plato de buen gusto ponerse delante de una cámara y contar algo tan doloroso. Hay que tener mucho valor. Otros no quisieron, o no pudieron.

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