Juan y Manuel González León: montillanos asesinados en el campo nazi de Mauthausen

Cuando se acercaba el final de la guerra civil, la caída de Cataluña en febrero de 1939 en manos de las tropas franquistas originó la trágica desbandada de unos 500.000 civiles y militares que atravesaron la frontera con Francia. De ellos, aproximadamente 200.000 quedaron para siempre en el exilio. Desarmados y vigilados por gendarmes y tropas coloniales, los refugiados españoles fueron hacinados en campos de concentración situados en las playas o en recintos improvisados, sin lugares de cobijo y rodeados de alambradas. Ante la inminencia de la II Guerra Mundial, el Gobierno francés obligó a los varones de entre 20 y 48 años a alistarse en las Compañías de Trabajadores Extranjeros, unas unidades militarizadas en las que se encuadraron unos 80.000 españoles, de los que 12.000 quedaron situados en la zona de la línea defensiva Maginot, en la frontera con Alemania, que pronto se convertiría en frente de guerra. En mayo de 1940, el ejército alemán invadió Francia y miles de exiliados republicanos alistados en las Compañías de Trabajadores Extranjeros cayeron prisioneros de los nazis. En principio, se les encerró en recintos provisionales y, tras largas marchas a pie o en distintos medios de transporte, fueron internados en los stalags o campos de prisioneros de guerra situados por toda Alemania, bajo el control de la Gestapo (policía militar). A pesar de los requerimientos que realizó la embajada alemana al Ministerio de Asuntos Exteriores español, las autoridades franquistas no realizaron gestiones para que a estos presos, algunos de ellos menores de edad, se les diera el status de prisioneros de guerra o se les pudiera repatriar, lo que condenó a una muerte segura a miles de ellos. Unos 15.000 españoles terminaron internados en los campos nazis, donde murieron aproximadamente la mitad.

La mayoría de los españoles que sufrieron los campos nazis acabaron sometidos a trabajos forzados en las canteras de granito de Mauthausen, un centro de exterminio situado al sur de Austria, por el que entre 1938 y 1945 pasaron unos 200.000 presos de diversas nacionalidades, de los que fallecieron alrededor de la mitad. De los 7.200 españoles internados en este campo, 4.781 perecieron: 348 murieron en el campo central, 3.893 en el campo anejo de Gusen (situado a 5 kilómetros) y 441 gaseados en el castillo de Hartheim. Alrededor de 1.000 muertos eran andaluces, entre los que se encontraban 236 cordobeses, en su mayoría soldados y combatientes antifascistas con una media de edad de entre 20 y 30 años.