Historia de una cruz sin nombre

Hay una cruz de hierro en el Cementerio de San Fernando de Sevilla que no tiene nombre.

Está en una de las fosas comunes donde reposan los restos de miles de personas fusiladas del bando republicano durante el golpe de Estado contra el Gobierno de la República en 1936.

Allí esperan miles de personas a que se les ponga nombre y apellidos, a cada una de ellas, y surjan a la luz miles de historias que les acompañan.

Junto al monumento en honor a los asesinados que contiene un poema de Alberti y la columna con la bandera tricolor, se sitúa una cruz de hierro sin nombre.

Esta cruz tiene una pequeña historia. Una historia sobre los que tuvieron la desgracia de ver cómo cada día asesinaban a personas ante las tapias del cementerio. Uno de ellos, viendo todas estas injusticias, decidió hacer, años después, su pequeño homenaje para que no quedaran en el olvido.

Durante mucho tiempo, Manuel Vargas Sánchez, herrero de profesión, fue testigo de aquella atrocidad. Decidió, con el apoyo de un peón, compañero de trabajo, reunir, trozo a trozo, restos de hierro para crear una cruz. Tuvieron que tener mucho cuidado pues el material estaba muy vigilado.

Manuel forjó esta cruz de hierro en la calle Sol, en el número 80, de Sevilla. Cuando la terminó, decidió ir solo al cementerio, y con una carretilla de mano, la ocultó con ropas de trabajo y la colocó donde hoy está ubicada.

Era a finales de los años cincuenta.

Esa cruz que no tiene nombre es la Cruz del Lolo. Este hombre, de militancia comunista, realizó su pequeño y gran homenaje para evitar que quedaran en el olvido miles de personas allí asesinadas.

La Cruz del Lolo, ya tiene nombre.

 

Dedicado a su hijo Manuel que me contó esta historia el 14 de abril de 2007.

 

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