Gráfica política y represión franquista: el grabador Teodoro Miciano Becerra

La obra del grabador Teodoro Miciano Becerra (1903-1974) ha sido reconocida y galardonada con diversas distinciones desde el inicio de su trayectoria profesional en la década de los veinte hasta que se le concedió la Medalla de Oro de la Bienal de Florencia en 1974. Pero si sus grabados le hicieron merecedor del Premio Nacional de Grabado en 1949, nueve años antes, el 28 de mayo de 1940, su actividad como dibujante había sido calificada por un Consejo de Guerra como constitutiva de delito de “Auxilio a la Rebelión Militar” y le valió una condena de veinte años de cárcel.

Entre la vanguardia cultural jerezana y la retaguardia republicana madrileña

Desde que terminó en 1926 los estudios en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, Teodoro Miciano vivió intensamente la vida cultural que en su ciudad natal Jerez de la Frontera (Cádiz) se articulaba en torno al Ateneo. A los veintisiete años era director artístico de la revista de esta institución, colaboraba como ilustrador de la revista África de Ceuta, su talento era reconocido en los círculos de la ilustración gráfica y cartelismo fuera del ámbito jerezano, simultaneó la actividad creativa con la docencia en la Escuela de Artes y Oficios de Jerez en 1929-1931 y en 1933 obtuvo en Madrid el título superior de Pintura, Escultura y Grabado.

Su actividad artística y profesional iba de la mano del compromiso social y político. El 14 de junio de 1931, sólo dos meses después del advenimiento de la II República, el ministro de Instrucción Pública, Marcelino Domingo, recibía una carta del dirigente republicano Fermín Aranda recomendándolo para el puesto de delegado provincial de Bellas Artes; además de sus méritos profesionales, aseguraba que era “republicano de antes de la República”. En 1932 fue vocal del primer comité local del partido Acción Republicana en Jerez, fue nombrado interventor en las elecciones de noviembre de 1933 y su vínculo con la clase política de la ciudad se estrechó cuando contrajo matrimonio con una hija del azañista Francisco Germá Alsina, que había sido alcalde de la ciudad.

En 1935 viajó a Madrid para realizar unas oposiciones y se estableció en la capital con su esposa Paquita Germá por haber aceptado la dirección artística de la revista Mundial. Las circunstancias excepcionales de la guerra incidieron en su trayectoria profesional y política. La revista Mundial fue clausurada y trabajó como profesor de dibujo en una guardería infantil que cerró cuando los niños fueron evacuados a Valencia en noviembre de 1936. Esa fue, según su propia declaración en un documento interno de Partido Comunista, la fecha de su ingreso en la organización y posteriormente se afilió a la UGT. También fue miembro del Socorro Rojo Internacional, Amigos de la Unión Soviética y de la Asociación de Intelectuales Antifascistas. En 1938 formó parte de la junta directiva del Sindicato de Profesionales de las Bellas Artes, que fue estrecho colaborador de la Consejería Delegada de Propaganda y Prensa de la Junta de Defensa de Madrid y, posteriormente, de la delegación madrileña de la Subsecretaría de Propaganda.

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