600 mujeres. La represión franquista de la mujer almeriense (1939-1945). Censo.

Índice

1. Introducción
2. Causas
3. Fuentes y bibliografía
4. Índice onomástico

La represión durante los primeros años de instauración del régimen de Franco ha sido un tema sobradamente abordado por la historiografía contemporánea, tratando la cuestión bien desde aspectos generales, bien desde el punto de vista geográfico, o incluso tratando una multitud de parámetros que van desde la represión sexual a la depuración en escuelas y universidades. Este creciente interés sobre la temática relacionada con la represión y la resistencia antifranquista es también, según algunas autoras, fruto de la circularidad entre producción historiográfica, sensibilidad colectiva y algunas medidas institucionales, que facilitan el reconocimiento hacia las víctimas de la guerra civil y de la represión.

Pero, centrándonos en el objetivo de este trabajo, esta profusión de estudios sobre la represión franquista no ha quedado fuera del margen de maniobra del estudio de la historia de las relaciones de género, algo que fue apuntado hace ya algún tiempo por algunas destacadas historiadoras, pero que hoy vive su máxima profusión editorial. Esta cuestión nos lleva a plantearnos una serie de interrogantes «intencionados» sobre la lentitud que históricamente ha vivido la investigación de las relaciones de género, así como la tardía incorporación del estudio de la represión sobre las mujeres de la posguerra al enorme espectro existente en esta materia. El planteamiento no es otro que la lentitud en el reconocimiento de la mujer como sujeto histórico de este momento que estamos estudiando; un momento trascendental en la historia de España, que aún hoy sigue precisando de cierta revisión historiográfica. Y es que tal y como señala la historiadora Sofía Rodríguez: «la idea de escribir la historia de las mujeres en la Guerra Civil española surge por el evidente interés que despierta este enfrentamiento, de gran repercusión nacional e internacional, y relativamente reciente en nuestra historia. El reto se encuentra en aportar una nueva perspectiva, re-escribiendo los principales capítulos de la misma a través de la capacidad de agencia de las mujeres, de su personalidad política, predisposición laboral e indudable papel social y cultural».

Esta cuestión que acabamos de apuntar, ampliamente tratada por muchas historiadoras en la última década, pero sin embargo, tal y como indica María del Carmen García Nieto: «se ha avanzado en la historiografía de la Guerra Civil, se ha avanzado en la historiografía militar, algo en la historia política, pero falta por hacer la historia social, y es en ese marco de una historia social de la guerra en el que debe inscribirse la historia de las mujeres». Y es que en los oráculos académicos hay cierta creencia fundada sobre la dificultad de incorporar estos estudios de las mujeres como algo que va más allá de una problemática o un subgrupo de carácter sociológico. De ahí que las nuevas iniciativas apuesten por profundizar en una historiografía de la mujer que establezca una visión integral sobre su experiencia pública y privada, con la aspiración de escribir una «historia total» y no una rama de la historia social.

La historia, además, ha hecho uso de las fuentes orales o la autobiografía para completar aquellos huecos de la Guerra Civil que aún no se han cubierto, como la represión femenina o la vida en las cárceles, pero sigue siendo cierto que aún quedan ciertos campos por cubrir, como el ámbito de la represión femenina.

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