1936: La venganza en la central eléctrica de Alcalá del Río

Una fría madrugada del 22 al 23 de octubre de 1.936 cuatro trabajadores de la central eléctrica de Alcalá del Río, dependiente en esa época de la compañía cordobesa Mengemor, fueron fusilados ante las tapias del Cementerio de San Fernando de Sevilla. Durante los meses de agosto y septiembre desaparecieron otros tres trabajadores más. Se habla incluso de que fueron ocho los empleados de la central que acabaron detenidos, pero sólo están confirmadas seis de las identidades y la de otra posible persona. Eran maquinistas, electricistas, mecánicos y un guardalínea que vivían en la calle de La Banda, las casitas de los operarios, y en la Venta La Anza, cercana a la Central.

A los empleados de la central se les acusó de un hipotético atentado contra Gonzalo Queipo de Llano el 13 de septiembre, el día que iba a inaugurar el puente de la Central, y que se atentaría contra su vida con un cable de alta tensión que iban a colocar los trabajadores. Los familiares siempre han negado esta historia y simplemente señalan que se trató de una venganza por odio, por envidias y rencores pasados, de quienes querían, ante todo, los puestos de trabajo y sus viviendas.

Lo cierto es que sus puestos de trabajo y las viviendas que les correspondían como operarios de la central fueron inmediatamente ocupados por quienes apoyaron el golpe en Alcalá. Uno de ellos era Vicente Salas Moreno, natural de Alicante, alias el “Cajero”, el encargado de llevar las cuestiones económicas de la empresa, que antes había sido despedido de la central. Recuperó su puesto de trabajo, bien remunerado, una vez afianzados los golpistas en el poder. Por aquellas fechas Salas había venido a convertirse en jefe de la Falange del municipio alcalareño, que contaba entonces con 111 afiliados, y desde el 13 de noviembre de 1936 fue miembro del Comité Gestor del Ayuntamiento. Los que entraron con él en la central también eran miembros de la Falange y el delegado de Orden Público de Sevilla tuvo que tener en cuenta los informes emitidos por la organización local del partido fascista a la hora de decidir el destino de los anteriores trabajadores.

Sea como fuese, un rencor y una envidia que provocaron: dos trabajadores desaparecidos, otro que se sabe que entró en prisión pero no cuándo salió o lo que le ocurrió, y cuatro que constan como fusilados. Es una historia que ha estado guardada en la memoria de familiares y conocidos durante 70 años y que tiene que ser rescatada y ser contada de la forma más próxima a lo que ocurrió en realidad.

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