Modesto Ojeda Domínguez

Aznalcóllar, 1910-1995

Del matrimonio Ventura Ojeda Sanz y Juliana Domínguez Fernández, nacieron cinco hijos varones, Modesto, Manolo, Mario, Virgilio y el más pequeño Venturita. Esta familia vivía en la casa nº 10 de la actual avenida de Andalucía, en Aznalcóllar, tenían una tienda de las clásicas en el pueblo es decir se vendía de todo, incluso gasolina era el único surtidor expendedor de la localidad, además Ventura ejercía de comerciante de algodón etc. Se decía que tenían un negocio prospero y un buen nivel de vida. Eran personas cultas y de ideología republicana, Manolo era militante del partido de D. Manuel Hazaña Izquierda Republicana, fue concejal del Ayuntamiento de Aznalcóllar tomando posesión de su concejalía el 29 de febrero de 1936.

El 18 de julio de 1936, desde África el general Franco se alza en armas contra el gobierno Republicano legalmente constituido, comienza la Guerra Civil. El 19 de julio un grupo de exaltados incontrolados prendieron fuego a la Iglesia de Aznalcóllar, quedando totalmente carbonizada, todo la valiosa imaginería quedo reducida a cenizas, retablos, lienzos, objetos de culto, que databan en su mayoría de finales de 1700. La primera tragedia del tesoro artístico religioso de Aznalcóllar, ocurrió el Viernes Santo de 1788, donde de forma fortuita en la Ermita de San Sebastián (hoy Caja de Ahorros) se declaró un incendio, que carbonizó el todo el patrimonio artístico, que estaba depositado de forma provisional en tanto se construía la nueva Iglesia, que terminaron las obras en los primeros días de julio de 1798. El pulpito hecho de forja que data del 1600 ha sobrevivido a estos dos desgraciados acontecimientos.

El general Queipo de Llano, toma el mando de la guarnición de Sevilla, Aznalcóllar fue uno de los objetivos prioritarios, a sabiendas que no le seria fácil, desde Radio Sevilla cada día anunciaba los triunfos del ejercito rebelde, que en la mayoría de los casos eran ficticios, con respecto a nuestro pueblo en una alocución llegó a decir. “Entramos en Aznalcóllar como si fuera un paseo militar, la única oposición que encontramos, fueron los perros ladrando y las gallinas cacareando en los corrales”. La realidad era otra, mandaba una avioneta que bombardeaba a la población indefensa que causaron varios muertos. Antes estos hechos el pueblo se organiza para resistir dentro de sus posibilidades la inminente llegada de las tropas franquistas.

En los primeros días de agosto de 1936, el primer intento de las tropas golpistas de invadir Aznalcóllar fueron rechazados por el pueblo que se había levantado en armas. Blindaron en los talleres de la mina un tractor agrícola de cadenas del Cortijo de La Dehesilla, propiedad de D. Manuel Kit Tassara; éste fue el baluarte de la defensa de Aznalcóllar, lo equiparon con una ametralladora ligera.

El 15 de agosto la vigilancia local apostada en los alrededores del pueblo dieron la alarma al ver un numeroso grupo de falangistas que venían por la carretera de Escacena con la intención de tomar el pueblo. Un numero indeterminado de hombres de Aznalcóllar les presentaron batalla con el tractor blindado y fueron rechazados; en la refriega murió un falangista, que abandonaron en la huida, le ataron al tractor y lo arrastraron hasta el pueblo.

El 16 de agosto la mayor parte de la población se refugian en la sierra. Antes de su marcha asesinan a 12 hombres de derecha que estaban detenidos en lo que es hoy el Consultorio. El 17 las tropas de Queipo de Llano llegan a Aznalcóllar, previamente en el cerro de Las Liebres habían instalado armamento pesado para cañonear el pueblo caso de encontrar resistencia. Un comité local compuesto por personas de derecha, les sale al encuentro asegurándoles que el pueblo está solo, desarmado y controlado por ellos. Entran las tropas y en la esquina de la taberna de Benito un deficiente mental observaba curioso el desfile, desde la farola le dispararon y dos días estuvo el cadáver donde cayó. A partir de este momento comienza la tragedia fraticida que duro hasta los años cincuenta. La mayoría de los pueblos no cometieron las atrocidades de Aznalcóllar ante de la llegada de las tropas de Franco. Sin embargo los fusilamientos de la población civil se llevo a cabo con la misma virulencia.

Los que seguían refugiados en la sierra se agruparon para resistir los continuos ataques que sufrían. Ruiz Montes mandaba una columna, que ataco en varias ocasiones a la guerrilla de la sierra y decía que en la forma de defenderse se notaba una buena organización. Manuel Soto Martín era el responsable de esta organización. El invierno hacia más penosa la supervivencia, obligados por el hambre atacaban cortijos, ganaderías y huertas para aprovisionarse de trigo, carnes, alguna fruta y verduras, cerca de trescientas personas permanecían en la sierra en el invierno de 1937. Con frecuencia desde el pueblo había gentes que burlaban la vigilancia y les llevaban comida y lo mas importante para ellos decían era el tabaco. Estas personas tenían que ser muy cuidadosas, porque si eran sorprendidas las fusilaban en el acto.

Viendo las autoridades militares que esta situación se prolongaría mucho tiempo, deciden publicar un bando, en el que decía que todo el que se entregara voluntariamente y “No tuviera manchadas las manos de sangre” podía volver que no le pasaría nada. Modesto Ojeda Domínguez en unas notas manuscritas dice lo siguiente:

“Es por mediación de un tío de Andrés Bermúdez llamado Miguel que su mujer Pilar Bueno entra en contacto con Don Felipe Martín Machado capitán de la Guardia Civil y probablemente de los Servicios Especiales de Información. Dado la situación creada en la sierra por la nueva ofensiva de paz de las autoridades franquistas del pueblo y otras personas que colaboraron con ellas para que las gentes de la sierra se entregaran con las mismas garantías de siempre, que después no cumplían.

Entraron en contacto con los anarquistas y los de la C.N.T. para negociar y durante este periodo hubo libertad de movimiento en la sierra, para buscar y llevar comida los familiares a los que estaban en la sierra.

Andrés Bermúdez no dijo nunca, que alguna otra persona asistiera a la entrevista con el capitán Felipe Martín Machado, pero Pilar su mujer nos dijo después que no estaba cierta, pero que le parecía que otras personas se entrevistaron con el capitán al menos una que era Servando […] Pilar Bueno Fue pelada y paseada por las calles del pueblo con muchas otras mujeres”.

Más de cien personas cayeron en la trampa y volvieron. Todas fueron detenidas a los pocos días y sometidas a dos Consejos de Guerra, uno en Aznalcóllar que dictó 43 sentencias de pena de muerte y 39 condenados a 30 años de prisión que enviaron a cárceles del norte de España. Paralelamente en Sevilla se celebró otro consejo de guerra, que dicto dos sentencias de pena de muerte, en total 45.

Luis Caballero Polo estuvo dos años en el Penal del Dueso, donde la tuberculosis, la disentería o la avitaminosis eran enfermedades que en mayor o menos medida sufrían. “A mi me salvo el cante” me contaba Luis Caballero; él cantaba y a cambio le daban raciones de comida los guardias que nada tenían que ver con la de los presos. Los enfermos terminales de enfermedades infecto contagiosas les enviaban a la isla de San Simón donde morían al poco tiempo.

Los cuarenta y cinco hombres con sentencias de muerte, estaban detenidos en la casa de D. Antonio Flores en la plaza del Ayuntamiento (hoy Convento) y en la “Casa Grande” (frente a la entrada de los aparcamientos de la plaza de abastos). Allí permanecieron entre 12 y 13 días, hasta el Domingo de Ramos, “Un día tan señalado para la Cristiandad” como dice la letra de un fandango del flamencólogo y cantaor de Aznalcóllar Luis Caballero refiriéndose al fusilamiento de su padre que figuraba en la lista con el Nº 15.

En realidad, si nos atenemos a los certificados de defunción la ejecución de estos 43 hombres se hizo en la madrugada del domingo, que era lunes, así no contravenía la orden de la Iglesia que aconsejaba que las ejecuciones no se hicieran en “días santificados”. El traslado lo hicieron el domingo por la noche de ahí viene la confusión: de siempre en Aznalcóllar se ha dicho “Los 43 los mataron en Sanlúcar el Domingo de Ramos.

Cuando he visto los documentos de los Consejos de Guerra del Tribunal Militar Segundo, las acusaciones incriminatorias eran en su mayoría pertenecer al partido Comunista, al sindicato CNT, a la F.A.I., Izquierda Republicana u otra ideología de izquierda. Incluso se asegura en los documentos no haber podido demostrar la militancia; es decir que el solo hecho de que alguien verbalmente te acusara de ser rojo (apelativo popular que se empleaba) era motivo suficiente para ser detenido y posteriormente fusilado.

En la sociedad rural de Aznalcóllar de aquellos años, los odios personales tan comunes en pueblos pequeños fueron los que propiciaron en muchos casos los motivos en las acusaciones. Se dio el caso que un hombre del pueblo de izquierda de esos que “se cambiaron la camisa” en un alarde de ganarse la confianza de las autoridades fascistas, fue tan desproporcionada la cantidad de gente que acusó, que el militar responsable del careo donde identificaba a los acusados infiltró un soldado ataviado con ropas de mendigo, al que al ser presentado lo acusó como un elemento subversivo y peligroso. El militar enfurecido mando ejecutar a este individuo cuando comprobó la falsedad.

Esta famosa lista constaba de 45 hombres que la noche del Domingo de Ramos a la una de la madrugada subieron atados a dos camiones militares que salieron de la plaza del Ayuntamiento con destino al cementerio de Sanlúcar la Mayor. El nº 18 D. Manuel Romero Moreno, que vivía en la calle Cerro Viento tenia 19 años y era hijo del “Serranillo” en el viaje murió, hay tres versiones: una que sufrió un infarto, otra que trató de escapar y lo mataron en el intento de fuga y la tercera que fue fusilado con los demás.

Los dos que no figuran en la lista de los ejecutados y que lograron escapar fueron Salvador Fernández Soto y Modesto Ojeda Domínguez, hijo del nº 33 de la lista Ventura Ojeda Sanz de 57 años de edad y hermano del nº 34 de la lista, Ventura Ojeda Domínguez de 18 años de edad.

Esta famosa fuga de Modesto se contaba en el pueblo de la siguiente forma:

“Modesto al llegar al cementerio, lo bajaron del camión atado, había un cura para confesar a los que iban a matar, pidió ser oído en confesión, se puso de rodillas, era las dos de la mañana y la escasa luz que había era la de los faros de los camiones, de esta postura se echó el cura al hombro que era mas bien delgado y echó a correr, el cura gritaba ¡No disparen! ¡No disparen! Al llegar a un vallado de pitas tiró al cura en las pencas y corrió toda la noche hasta llegar a la sierra, donde se unió con los refugiados y les contó lo sucedido”.

Por el año 1995 Modesto junto con otros familiares de los que mataron aquella noche, fueron al cementerio de Sanlúcar la Mayor para hacer una ofrenda de flores en el lugar donde está la fosa común. Era por la tarde y el cementerio estaba cerrado y uno de los asistentes fue a buscar al sepulturero para que le abriesen, en la espera en la entrada que hoy está ajardinada, en aquel entones era un vallado de chumberas y en la margen izquierda salía un camino que conducía a las huertas y olivares, allí Modesto a Enrique Guirao le contó lo sucedido, siendo ésta la versión que él aseguró era la verdadera:

“El cabo de la Guardia civil de Aznalcóllar, nos amarraba las manos por delante a la altura de las muñecas, y por los brazos de dos en dos, yo iba con mi tío Eulogio, cuando el camión paró logré safarme de la cuerda que me unía a mi tío, salté y corrí con las manos atadas por el camino abajo, las balas me silbaban, tuve suerte que no me dieron, me tumbé boca abajo escondido en la maleza, cuando ceso la búsqueda me incorporé y guiado por las luces a lo lejos de Aznalcóllar, al amanecer llegué a la sierra sin saber dónde estaba, tropecé con un rancho de un carbonero que resultó ser Antonio Ganduyo, al que llamábamos “Antonio el del tío Isidro”, él me cortó la cuerda que ya la tenía clavada en la carne. A mi me salvo el ímpetu y el valor que da la juventud.”

Virgilio Ojeda, el único hijo de Modesto, que reside en Francia, asegura que su padre le contó que le dijo al cabo de la Guardia Civil de Aznalcóllar que no le apretara las cuerdas de las manos y así durante el viaje, pudo sacar una pequeña navaja que ocultaba en la correa y con la que cortó las ataduras de los brazos que le unía a su tío Eulogio y una vez parado el vehículo en el recinto del cementerio saltó maniatado y corrió perdiéndose en la oscura madrugada del lunes santo 22 de marzo de 1937. Los que presenciaron la verdad de lo ocurrido no vivieron para contarlo, en los informes oficiales justificaron la primera versión a una huida tan audaz y espectacular, y figura en la documentación del consejo de guerra celebrado el 18 de marzo de 1937.

Esa noche del 21 al 22 de marzo, mataron a su padre, a su hermano Ventura que tenia 18 años y a su tío Eulogio. En Aznalcóllar quedó su madre Juliana y su hermano Virgilio que era mellizo con Mario tenían 22 años y Manolo de 24 años. Manolo que estaban prestando servicio militar como soldado en el cuarte del Regimiento de Artillería Ligera nº 3 en Sevilla, es detenido y encarcelado el día 1 de febrero de 1937. Le someten a un Consejo de Guerra y lo fusilan en el Cementerio de San Fernando en Sevilla el 14 de abril de ese mismo año. Mario estaba de soldado en el Regimiento de Infantería Granada nº 6, también lo detienen y pasado por Consejo de Guerra, es fusilado en el Cementerio de San Fernando en Sevilla el 14 de abril de 1937 (el catorce de abril era el aniversario de la proclamación de la II Republica). Ateniéndome a la fecha de ejecución de los hermanos Mario y Manolo Ojeda Domínguez y el contenido tan falaz de las acusaciones es fácil suponer que sus condenas a muerte estuvieran condicionadas por la espectacular fuga de Modesto.

Virgilio Ojeda Domínguez estaba en el mismo cuartel que Mario, juzgado en el mismo Consejo de Guerra de sus hermanos, fue absuelto y le comunican su sentencia en el Cuartel del Carmen del Regimiento de Infantería Granada nº 6 el 16 de abril de 1937. Fue puesto en libertad el 8 de mayo del mismo año.

Modesto continuaba en la sierra combatiendo con la guerrilla en la sierra de Aznalcóllar. A finales de agosto, principio de septiembre sufrieron varias batidas por unas numerosas fuerzas militares y falangistas, bien pertrechadas y guiadas por fascistas locales que prestaban estos servicios regularmente por su conocimiento de la zona en la que se refugiaban los combatientes. Cuenta Modesto en unas breves notas manuscritas inconclusas fechadas en el primero de septiembre de 1993 lo siguiente:

“Nosotros queríamos estar preparados por si nos mandaban armas como nos habían prometido, poder participar desde la retaguardia con alguna ofensiva que el Gobierno Republicano pudiera emprender por el frente del sur como esperábamos. Esta ayuda del Gobierno no vino a pesar que teníamos dos aeródromos preparados. Lo que si vino fue la batida que nos hicieron con numerosas fuerzas a fines de agosto y el mes de septiembre.

Esta ofensiva no pudimos resistirla pues nos atacaban por los cuatro costados, nos dislocaron y dispersaron y entonces decidimos de irnos a la zona Republicana y con mi novia que se había venido a la sierra conmigo, emprendimos el viaje hacia el día 15 de septiembre, si mal no recuerdo. Acompañado de mi hermano Virgilio (que ya estaba en la sierra con nosotros), Antonio Candil y Aíto amigos míos.

La noche del quince después de caminar toda la noche creo en dirección de Constantina y Navas de la Concepción y al ser de día nos parábamos a descansar, al anochecer del día siguiente 16 de septiembre, reanudábamos nuestra marcha acercándonos sin saberlo a las líneas fascistas, nos dieron el alto y retrocedimos y como ya venia el día nos escondimos en un arroyo en un encinar. La casualidad que caímos cerca de un camino de ganado sin saberlo y por la mañana pasó un soldado en un burro y seguramente nos vio y daría parte al llegar al mando que no estaría muy lejos de allí porque sentíamos el tiroteo de fusiles y ametralladoras, pues tuvimos la mala suerte que por aquel sector atacaron los nuestros y de buena hora empezó el combate. Vino una patrulla nos encontraron y nos hicieron prisioneros llevándonos al puesto de mando en una casa de campo” (Fin del manuscrito).

Asunción Borrero Ramírez novia de Modesto, Virgilio hermano de Modesto, Antonio Candil y Ahíto, fueron fusilados en la zona que los detuvieron; Modesto escapa de nuevo y lo detienen en la zona próxima a Badajoz.

Eduardo Ojeda Fernández, de Aznalcóllar, residente en Montequinto y primo de Modesto me contó lo siguiente:

“Yo Trabajaba con los Tassara llevando agua con una pipa a la casa de la calle Sevilla para el uso diario, no ganaba nada pero me permitían hacer uso de la pipa para llevar agua a particulares cobrando por ello. Era sobre el mes de Noviembre, por que ya había pasado el verdeo de la aceituna. Roque el administrador me dijo coge un volquete, que te acompañe Antoñito Espía y ve por adelfas y romero para adornar la plaza, que han cogido a Modesto y lo traen para ahorcarlo en la plaza del Ayuntamiento. Pasado unos días y viendo que a Modesto no llegaba, le pregunto a Roque que pasó y me dijo, Modesto venia en un vehículo que al parar a repostar en Las Pajanosas se ha escapado sin que lo hayan podido capturar”.

Después de esta tercera fuga, solo, andando de día, descansando de noche alimentándose de bellotas y de lo que encontraba a su paso, camino de la zona republicana, llegó a atravesar un campamento de las fuerzas franquistas, con la suerte de no ser reconocido. Recibió por fin ayuda de unos campesinos cerca de las líneas republicanas donde pudo recuperarse hasta llegar a un río cercano al frente, cuyo nombre me dice su hijo Virgilio que desconoce. Llega al frente y es identificado por la guardia republicana y reconocido por uno de ellos que era de Aznalcóllar. De allí lo trasladaron al centro militar de Albacete, para realizar la instrucción antes de ser incorporado al Ejército Republicano.

Combatió durante toda la guerra, estuvo en la Batalla del Ebro y fue nombrado comisario político del batallón Thaelmann de las brigadas internacionales. Después del corte de Vinaroz por las tropas franquistas y la caída de Cataluña y del Gobierno Republicano, pasó la frontera francesa por el puerto de Pertus en febrero de 1939.

Fue internado en los campos de concentración de Argelés o Bacares y posteriormente trabajo como minero en 1940-1941, en una de las compañías mineras de hierro en los Pirineos franceses. Escaro es un pueblo minero francés y allí vivió junto con muchos refugiados españoles. Se caso con Esperanza Moya Córdoba, española, y allí nació su único hijo el 7 de septiembre de 1942 al que puso Virgilio en memoria de su hermano. Estuvo integrado en esos años en un grupo de la Resistencia Francesa que protegían y ocultaban a los perseguidos por la Gestapo alemana.

Juliana Domínguez, madre de Modesto, después de la tragedia de su familia se fue a vivir a Camas con su hermana Consolación, que estaba casada con un hermano del padre de Modesto que se llamaba también Modesto. En 1948 logra llegar a Francia y se reúne con su hijo; tenía 63 años, para ayudar a la familia se dedicó al bordado al igual que lo hacia en Aznalcóllar y allí vivió hasta su fallecimiento en 1961.

Terminada la segunda Guerra mundial perdió toda esperanza de volver a Aznalcóllar. Viendo como los países europeos renunciaron a liberar a España de la dictadura franquista, se integró en el país que lo acogió, dejó la minería y trabajó en la construcción y en esta actividad se jubiló a principios de los años sesenta. El Gobierno español le reconoció su participación como combatiente en el Ejército Republicano y le concedió una pensión vitalicia.

Modesto vino a España por primera vez muerto Franco como tantos españoles exilados. La casa de sus padres en Aznalcóllar que le incautaron en 1937, pudo recuperarla después de complicadas y laboriosas gestiones. A esta casa venía con frecuencia con su familia y aquí murió el 1º de Julio de 1995 a la edad de 85 años. Esperanza, su mujer, murió en Francia el 4 de enero del año 2002 a los 84 años de edad.

Modesto nació en Aznalcóllar el 17 de Agosto de 1910. El 17 de Agosto de 1936 las tropas del General golpista Queipo de Llano invaden Aznalcóllar. La fecha de su nacimiento ¿fue casual o una trágica premonición?

Nota del autor: Sin la colaboración de Virgilio Ojeda, Juliana Manfredi, José C. Martínez, Eduardo Ojeda y Enrique Guirao, hubiera sido imposible la realización de este artículo. A todos ellos mi agradecimiento.

Primer apellido: 
Ojeda
Segundo apellido: 
Domínguez
Nombre: 
Modesto
Municipio: 
Aznalcóllar
Provincia: 
Sevilla